Tuesday, February 28, 2012

1DC.B - 2012 (Mulet)

Francesc Mulet, escolapio

Jesús en el desierto… Lo primero que nos llama la atención es que “el Espíritu empujó a Jesús al desierto”; "empujar" indica el impulso interior que Jesús siente por dentro y que lo lleva al "desierto”.

El desierto es el lugar del combate contra las fuerzas del mal y del encuentro con Dios. El desierto representa a la sociedad judía, con la que Jesús no comparte sus valores y en la que Jesús va a realizar su misión liberadora en fidelidad al “designio” del Padre. El hombre contemporáneo huye del desierto, le asusta la soledad y la ausencia de sonidos y estímulos visuales. . Sin embargo, el desierto es un lugar fecundo, en el que podemos percibir la grandeza de Dios y el valor relativo de todo lo demás. El «desierto» es, al mismo tiempo, el mejor lugar para escuchar, en silencio y soledad, la voz de Dios.

Jesús se encuentra tranquilamente con los animales feroces del desierto. La armonía con los animales feroces y el servicio de los ángeles ponen de relieve la victoria de Jesús sobre Satanás: se presenta a Jesús como el vencedor y el desierto vuelve a florecer como un lugar de encuentro, de comunión y de intimidad con Dios.

Se ha cumplido el plazo. Esta expresión índica que se avecina un tiempo nuevo. Que se ha cumplido el plazo señalado por Dios. El momento ha llegado porque Jesús ha aparecido en esta tierra. Nuestras aspiraciones más profundas pueden realizarse. El tiempo humano es la oportunidad de llegar a vivir como hijos de Dios, en la confianza y en el abandono a Él.

“Está cerca el Reino de Dios”. Dios está cerca,... En Jesús, en sus palabras y en sus gestos ya está presente el Reino de Dios. Jesús es el Reino de Dios presente en medio de nosotros. La gran esperanza de la humanidad está aquí y ahora.

“Convertíos y creed en la Buena Noticia”... Cambiad de dirección, de manera de ver las cosas. Somos invitados, en esta Cuaresma, a una profunda conversión, una conversión del corazón. Si el corazón del hombre no es bueno, ninguna otra cosa puede llegar a ser buena y la bondad del corazón sólo puede venir de Aquél que es la Fuente de toda bondad y de todo bien.

Que hagas un buen camino de cuaresma.
Un abrazo,

Francesc Mulet

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7DO.I.B - Estudio - 2012 (M. Espejo)

P. Manolo Espejo, escolapio

(Is 43,18-25)"Mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis?"

(2 Cor 1,18-22) “Él nos ha sellado y ha puesto en nosotros el Espíritu”.

(Mc 2,1-12) "Tus pecados quedan perdonados. Coge tu camilla y vete a casa"

CONTEXTO.- Jesús vuelve a Cafarnaúm. También hoy, Jesús habla a la gente, pero sigue sin decirnos de qué les habla. Una vez más, tenemos que adivinar el mensaje a través de los hechos. Por primera vez, evangelio de Mc, se habla de la oposición de los letrados, que se repetirá en los próximos textos. Los tres sinópticos relatan esta curación del paralítico, lo cual manifiesta que era recordado en todas las tradiciones.

EXPLICACIÓN.- El mensaje del episodio del paralítico es muy parecido al que leímos el domingo pasado del leproso. También al leproso se le perdonaros los “pecados”, puesto que el sacerdote le tenía que declarar puro. El paralítico era considerado impuro, porque se creía que toda enfermedad era castigo de Dios por los pecados. Ambos estaban impedidos de ser plenamente humanos.

Toda la escena del paralítico, se desarrolla en “casa”, no en el templo. El templo era el paradigma de la institución, pero había dejado de ser el lugar de la presencia de Dios, porque los dirigentes utilizaban su organigrama para oprimir a la gente. El relato nos dice que Dios está con el hombre, no en lugares sagrado sino allí donde desarrolla su actividad normal; donde lucha, donde sufre, donde llora.

“Llegaron cuatro llevando a un paralítico...” El paralítico y los cuatro portadores representan a todos los que vienen en busca de salvación. Jesús les ofrece esa salvación dándoles vida. La muchedumbre apelotonada, les impide llegar hasta Jesús. Israel que había sido cauce de salvación, es ahora el obstáculo para alcanzarla. El pueblo elegido (la puerta), está ahora obstruida, no permite el paso.

“Viendo la fe que tenían”. No se trata de una fe religiosa, sino de una confianza manifestada en las acciones. Jesús descubre la fe en los que lo llevan, pero habla al enfermo que no podía ni moverse. La fe, adhesión a Jesús, no sólo cancela el pasado de injusticia, sino que abre la posibilidad de nueva vida. A primera vista, parece que van buscando la salud física, pero Jesús se dirige al enfermo hablándole de la salud integral. Como ya dijimos, si toda enfermedad se debía al pecado, no hay por qué distinguir entre sanar y perdonar. Jesús tampoco quiere distinguir, y empieza por lo verdaderamente importante.

“Tus pecados quedan perdonados”. No le dice: yo te perdono; ni siquiera, Dios te perdona, como interpretan los fariseos, sino “tus pecados quedan perdonados”. El verbo griego (aphiemi) significa soltar, desatar, dejar libre; pero también “pasar por alto, no hacer caso”. Para mí, éste último, es el significado más adecuado. Tus pecados no son tenidos en cuenta. Es una manera excelente de expresar lo que es el perdón de Dios. Tu actitud presente es lo importante. Lo anterior no cuenta para Dios. No debe contar tampoco para ti.

Los letrados están instalados protegidos por la gente que les rodea. Representan la doctrina oficial, que no acepta la novedad de Jesús. Una y otra vez se dice que su “razonamiento” es interior (en su corazón). Todo apunta a que su presencia es sólo simbólica. Son todos los presentes los que piensan como los letrados.

“Para que veáis que “el Hijo de Hombre” tiene poder en la tierra para perdonar...” Hijo de hombre es una expresión aramea que significa simplemente “hombre”. En este caso es muy importante descubrir que Jesús actúa como ser humano, no como Dios. Para entender bien esta frase, no hay que olvidar la inseparabilidad de la enfermedad y del pecado. También la curación y el perdón del pecado son inseparables. No se trata de una demostración añadida de poder, sino de una declaración: Para que veáis que ya está curado. Jesús realiza una sola acción que tiene dos efectos, uno invisible: perdón de los pecados y otro visible y constatable: la curación del paralítico.

“Levántate, coge tu camilla y vete a tu casa”. Removida la causa, se quita el efecto. Nada se hubiera conseguido si hubiera quitado el efecto sin eliminar la causa. Lo que hace el paralítico, que aún no se había enterado de que estaba curado, es demostrar con hechos la realidad. La movilidad no es un milagro añadido, sino la consecuencia del perdón. En el momento que toma conciencia de que Dios le ama, empieza a caminar.

APLICACIÓN.- Los “letrados” tenían razón al pensar que solo Dios puede perdonar pecados. Pero lo que nos dice Jesús, es que Dios no puede no perdonar. Él es perdón y está perdonando siempre. Por lo tanto, cualquier “Hombre” puede perdonar pecados, porque únicamente se trata de convencer al otro de que Dios le ama. La "buena noticia" de Jesús se resume en este mensaje: Dios es amor incondicional y para todos. Para los fariseos, Dios era justo. Tenía que pagar a cada uno su merecido. Hoy, seguimos aferrados a esta idea farisaica. También hoy, se llama blasfemo al que se atreve a predicar el perdón. No nos damos cuenta de la monstruosidad de esa postura. Indirectamente estamos diciendo que si Dios me perdona es porque me lo he merecido. ¡Absurdo!

El tema del pecado y del perdón, es uno de los más embrollados de nuestra religión. Toda la doctrina que nos han enseñado sobre ambos, tiene muy poco que ver con el evangelio. En ella hemos proyectado sobre Dios nuestro concepto de justicia, y nos hemos olvidado de que el Dios de Jesús es amor. Para nosotros la justicia es restablecer un equilibrio que se ha roto por una injusticia. Creemos que “pecado” es hacer daño al otro, y tenemos que resarcir al otro de ese daño. La cosa se complica aún más, cuando pensamos que ese otro, es Dios y que pecado es hacerle daño. Para salir del pecado, tenemos que pagar a Dios la ofensa o, peor todavía, que otro tiene que pagar por nosotros...

Pecado es una actitud contraria al bien del hombre. Cuando uno peca, se daña, en primer lugar, a sí mismo; no hace falta que nadie lo castigue. Ya se ha castigado él mismo. El daño al otro no es el pecado, sino la consecuencia del pecado. Pecado no es el acto concreto con el que he hecho daño a otro o a mí mismo. Pecado es una actitud que me deteriora como ser humana. Una confesión que tienen en cuenta sólo el acto y no afecta para nada a la actitud, será completamente estéril. Esta falsa concepción del pecado, es la que nos impide entrar en la dinámica del evangelio. La justicia humana trata de reparar un daño que se ha infringido a otro, y no puede ir más allá. Eso para Dios no tiene sentido. Para Dios todo está siempre en equilibrio, en ningún momento se da una situación de injusticia. Por eso el Dios de Jesús busca al pecador que es el verdaderamente dañado, impedido, muerto, para sacarle de esa situación de inhumanidad.

Pecado en el AT, era errar el blanco; en el doble sentido de apuntar a un blanco falso o apuntar a un blanco acertado, pero errar por falta de entrenamiento. ¡Mucha atención! En ambos casos el yerro se debe a una realidad anterior al hecho mismo de disparar. Un fallo no se arregla con sacrificios o lamentos; menos aún con perdón o comprensión venido de fuera. Si descubro que voy por un camino que me lleva al abismo, la única solución es que abandone el camino y emprenda otra dirección. ¿De qué me serviría lamentarme o pedir comprensión, si no abandono la trayectoria? Si creemos que el perdón consiste en que Dios cambie su actitud para con nosotros, y resulta que eso es imposible, porque Dios ni puede, ni tiene nada que cambiar; y por nuestra parte no se produce ningún cambio en nosotros, porque lo único que buscamos es que nos quiten el pecado sin modificar la actitud, ¿En qué se queda la confesión puramente verbal, que todos hemos practicado tantas veces?

La opresión, activa o pasiva (el pecado del mundo), es la causa de toda parálisis que impide al hombre ser él. Sólo el mal moral tiene verdaderamente capacidad de paralizar absolutamente. El mal físico (una enfermedad, un accidente o algún daño causado por otro) solo paraliza cuando la persona no es auténticamente persona. En contra de lo que se oye con demasiada frecuencia, nunca como hoy se ha tenido más clara conciencia del pecado, del único que existe, la opresión. Cada vez más los cristianos, sobre todo los jóvenes, se niegan a ver pecados mortales por todas partes. Dentro y fuera del cristianismo, está creciendo la conciencia de injusticia y opresión que invade nuestra sociedad. Éste es el único pecado contra el que debemos luchar en nombre del evangelio.

La invitación a cargar con su pasado es determinante a tratar del futuro de una persona que ha fallado en su vida. Todas las enfermedades síquicas que no son consecuencia de lesiones o desarreglos neuronales, tienen su causa en la falta de integración del pasado. Esquizofrenias, neurosis, depresiones, etc. son desajustes en la aceptación de nuestro pasado. Si no se hubiera echado al hombro la camilla, la hubiera llevado arrastras, que es mucho más difícil. No podemos deshacernos de nuestro pasado, pero podemos cargarlo a la espalda y no identificarnos con él. Con el pasado a cuestas, debemos caminar mirando al futuro poniendo nuestra esperanza en él.

+

Meditación-contemplación


¡Tus pecados están perdonados!
En el momento que te lo creas de verdad,
toda tu vida cambiará radicalmente.
La preocupación más fuerte y más paralizante se desvanecerá.
………………..

No pierdas el tiempo pidiendo perdón a Dios.
Perdónate tú mismo y perdona siempre a los demás.
En la medida que hagas esto último,
Descubrirás que Él te proporciona perdón-amor para dar y tomar.
………………..

Échate a la espalda el pasado.
Por pesada que sea la mochila,
Tú eres mucho más que lo que hay dentro de ella.
El mismo Dios es tu energía,
Nada ni nadie podrá impedir que llegues a la META.

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7DO.I.B - 2012 (Pagola)

Marcos 2, 1-12
CURADOR DE LA VIDA
José Antonio Pagola

Jesús fue considerado por sus contemporáneos como un curador singular. Nadie lo confunde con los magos o curanderos de la época. Tiene su propio estilo de curar. No recurre a fuerzas extrañas ni pronuncia conjuros o fórmulas secretas. No emplea amuletos ni hechizos. Pero cuando se comunica con los enfermos contagia salud.

Los relatos evangélicos van dibujando de muchas maneras su poder curador. Su amor apasionado a la vida, su acogida entrañable a cada enfermo, su fuerza para regenerar lo mejor de cada persona, su capacidad de contagiar su fe en Dios creaban las condiciones que hacían posible la curación.

Jesús no ofrece remedios para resolver un problema orgánico. Se acerca a los enfermos buscando curarlos desde su raíz. No busca solo una mejoría física. La curación del organismo queda englobada en una sanación más integral y profunda. Jesús no cura solo enfermedades. Sana la vida enferma.

Los diferentes relatos lo van subrayando de diversas maneras. Libera a los enfermos de la soledad y la desconfianza contagiándoles su fe absoluta en Dios: "Tú, ¿ya crees?". Al mismo tiempo, los rescata de la resignación y la pasividad, despertando en ellos el deseo de iniciar una vida nueva: "Tú, ¿quieres curarte?".

No se queda ahí. Jesús los libera de lo que bloquea su vida y la deshumaniza: la locura, la culpabilidad o la desesperanza. Les ofrece gratuitamente el perdón, la paz y la bendición de Dios. Los enfermos encuentran en él algo que no les ofrecen los curanderos populares: una relación nueva con Dios que los ayudará a vivir con más dignidad y confianza.

Marcos narra la curación de un paralítico en el interior de la casa donde vive Jesús en Cafarnaún. Es el ejemplo más significativo para destacar la profundidad de su fuerza curadora. Venciendo toda clase de obstáculos, cuatro vecinos logran traer hasta los pies de Jesús a un amigo paralítico.

Jesús interrumpe su predicación y fija su mirada en él. ¿Dónde está el origen de esa parálisis? ¿Qué miedos, heridas, fracasos y oscuras culpabilidades están bloqueando su vida? El enfermo no dice nada, no se mueve. Allí está, ante Jesús, atado a su camilla.

¿Qué necesita este ser humano para ponerse en pie y seguir caminando? Jesús le habla con ternura de madre: «Hijo, tus pecados quedan perdonados». Deja de atormentarte. Confía en Dios. Acoge su perdón y su paz. Atrévete a levantarte de tus errores y tu pecado. Cuántas personas necesitan ser curadas por dentro. ¿Quién les ayudará a ponerse en contacto con un Jesús curador?

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7DO.I.B - 2012 (Mulet)

Francesc Mulet, escolapio
El paralítico es el prototipo de la invalidez, el hombre que no puede moverse por sí mismo ni tiene libertad de acción… era una situación sin remedio y equivalía a estar muerto, ¿no es esa la situación de muchos seres humanos hoy?

Se trataba de un paralítico, que por sí mismo, no podía acercarse a Jesús. No sólo era la distancia, sino la muralla humana que se interponía entre los dos. La gran cantidad de gente que había acudido impedía al paralítico llegar a Jesús. Ante las dificultades, podía haberse resignado y quedarse en casa. Pero este hombre tenía amigos dispuestos a ayudarle. Y estos hombres, tenían fe en Jesús.

Jesús ve, en efecto, “la fe que tenían”. La respuesta de Jesús a su fe no es la curación del enfermo, como se podría esperar. La sola curación física del paralítico sería una restauración a medias: se le restituiría la salud exterior, pero el hombre no quedaría curado del todo y permanecería en su desorden interior.

Los cristianos no valoramos suficientemente la fuerza liberadora que encierra la experiencia del perdón de Dios. El perdón quiere decir que nuestra vida siempre tiene salida. Siempre podemos empezar de nuevo. Quién cree en el perdón, quién hace la experiencia interior del perdón de Dios nunca está perdido. En lo más profundo de su ser encontrará siempre la fuerza para levantarse y comenzar de nuevo.

Sentirse necesitado de perdón y perdonar son exigencias del amor y pertenecen a una gran necesidad humana... El ser humano es débil, limitado y lleno de fragilidades. Necesitamos el perdón y sólo desde la experiencia de ser acogidos y perdonados podemos avanzar en nuestra vida.

El perdón es la posibilidad humana de realización, ya que perdonar y recibir el perdón es contar con la capacidad de cambiar nuestra vida, de reconstruir nuestra propia historia, de mejorar las relaciones con nosotros mismos y con los demás. El perdón nos abre un horizonte de esperanza.

El Evangelio de hoy pone de relieve la urgencia de volver a curar toda nuestra persona. Tenemos tanta necesidad de la serenidad interior como de la salud.

Podemos imaginar que nosotros somos hoy ante Jesús ese paralítico necesitado de su perdón y de su amor, a quien Jesús le dice: “hijo, tus pecados quedan perdonados”.

Ánimo en esta tarea de seguimiento de Jesús. Perdonemos y oremos mutuamente.
Un abrazo,

Francesc Mulet

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6DO.I.B - 2012 (Pagola)

Marcos 1, 40-45
AMIGO DE LOS EXCLUIDOS
José Antonio Pagola

Jesús era muy sensible al sufrimiento de quienes encontraba en su camino, marginados por la sociedad, despreciados por la religión o rechazados por los sectores que se consideraban superiores moral o religiosamente.

Es algo que le sale de dentro. Sabe que Dios no discrimina a nadie. No rechaza ni excomulga. No es solo de los buenos. A todos acoge y bendice. Jesús tenía la costumbre de levantarse de madrugada para orar. En cierta ocasión desvela cómo contempla el amanecer: "Dios hace salir su sol sobre buenos y malos". Así es él.

Por eso, a veces, reclama con fuerza que cesen todas las condenas: "No juzguéis y no seréis juzgados". Otras, narra pequeñas parábolas para pedir que nadie se dedique a "separar el trigo y la cizaña" como si fuera el juez supremo de todos.

Pero lo más admirable es su actuación. El rasgo más original y provocativo de Jesús fue su costumbre de comer con pecadores, prostitutas y gentes indeseables. El hecho es insólito. Nunca se había visto en Israel a alguien con fama de "hombre de Dios" comiendo y bebiendo animadamente con pecadores.

Los dirigentes religiosos más respetables no lo pudieron soportar. Su reacción fue agresiva: "Ahí tenéis a un comilón y borracho, amigo de pecadores". Jesús no se defendió. Era cierto. En lo más íntimo de su ser sentía un respeto grande y una amistad conmovedora hacia los rechazados por la sociedad o la religión.

Marcos recoge en su relato la curación de un leproso para destacar esa predilección de Jesús por los excluidos. Jesús está atravesando una región solitaria. De pronto se le acerca un leproso. No viene acompañado por nadie. Vive en la soledad. Lleva en su piel la marca de su exclusión. Las leyes lo condenan a vivir apartado de todos. Es un ser impuro.

De rodillas, el leproso hace a Jesús una súplica humilde. Se siente sucio. No le habla de enfermedad. Solo quiere verse limpio de todo estigma: «Si quieres, puedes limpiarme». Jesús se conmueve al ver a sus pies aquel ser humano desfigurado por la enfermedad y el abandono de todos. Aquel hombre representa la soledad y la desesperación de tantos estigmatizados. Jesús «extiende su mano» buscando el contacto con su piel, «lo toca» y le dice: «Quiero. Queda limpio».

Siempre que discriminamos desde nuestra supuesta superioridad moral a diferentes grupos humanos (vagabundos, prostitutas, toxicómanos, sidóticos, inmigrantes, homosexuales...), o los excluimos de la convivencia negándoles nuestra acogida, nos estamos alejando gravemente de Jesús.

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6DO.I.B - 2012 (Mulet)

Francesc Mulet escolapio

En el texto de este domingo nos encontramos un breve diálogo de fe entre Cristo y un enfermo de lepra; que concluye con la curación de éste por Jesús. El enfermo es reintegrado así a la comunidad de los hermanos, de la que su enfermedad le apartaba según la prescripción del Levítico.

Criterio último y definitivo para conocer al cristiano maduro en su fe es ver cómo se relaciona con Dios, viviendo su fe como diálogo y no como monólogo egocéntrico. La fe como diálogo comienza por la absoluta disponibilidad para escuchar a Dios, a fin de darle después una respuesta personal que nos capacita para el testimonio exterior.

Cuanto más inmadura es la fe, es decir, la experiencia y el contacto con Dios, mayor será el deseo, la tentación y el peligro de buscar un sistema de seguridad por medio de un montaje religioso, calculado a la propia medida. Esto se da tanto a nivel popular como a nivel teológico y pastoral. A nivel popular se plasma en lo que podemos llamar "el seguro religioso del pequeño burgués", instalado en su rutina egoísta y conservadora. A nivel teológico-pastoral, frente a una teología que avanza en el diálogo y compromiso con el mundo, hay quienes prefieren un sistema férreo de conceptos teológicos y normas fijas que aquilata al milímetro los términos, pero que desdibuja la transmisión del misterio y se despreocupa de la vida.

Es evidente que el camino hacia una fe madura conlleva crisis y dificultades. Unas provienen del exterior, otras del interior. Entre las dificultades provenientes de fuera de la persona hay que enumerar al menos tres:

1ª. La escasa transparencia de los medios y signos por los que habitualmente nos llega la fe: palabra, sacramentos y comunidad.

2ª. Las deficiencias en la transmisión de la fe: educación religiosa en la familia, en la catequesis, en la enseñanza y en la predicación en general.

3ª. La falta de testimonio vivo de fe en su conducta familiar, laboral y social por parte de quienes se dicen creyentes y cristianos. Ésta tercera es la causa más grave de las tres.

El diálogo de una fe madura se realiza con Dios, mediante la oración y la meditación, que han de ser también revisión de vida; así las relaciones fraternas y los asuntos temporales se ven en relación con Dios. Finalmente el diálogo de la fe aterriza y se encarna en el mundo y en la realidad, prosaica a veces, esperanzada otras, conflictiva las más y humana siempre.

El evangelio nos enseña a dialogar con el Señor. Ánimo y a seguir adelante en esta tarea.

Que tengas una buena semana y que reces también por los escolapios.
Un abrazo,
Francesc Mulet

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5DO.I,B - Homilía - 2012 (Ángel M.)

P. Ángel Martínes

+Job comienza su quejosa meditación sobre la pesadumbre de la vida iluminámdola con un principio que parece tranquilizarle la mente y extender un paño consolador sobre las penalidades de la misma, de su vida, que, según la Escritura, en él, aparecen como extremas; el hombre, dice, ”está en la tierra cumpliendo un servicio, sus días son los de un jornalero...que aguarda el salario ”. No cabe duda que el lenguaje metafórico con que embellecemos los pesares diarios entraña un alivio de los mismos, al fin y al cabo el hombre también es pensamiento y conocemos la fuerza de éste en todo nuestro ser, sobre todo cuando es nuestra propia mente la que lo ha fabricado.

Pero, a continuación, una vez más al sosiego de la oración se le sobrepone todo el peso del día a día; y entonces todo en Job, como en cualquier hombre que sufre, se convierte en llanto plañidero y comienza a describir la dura realidad tal como la siente a diario, y no esfumada como se la presenta la mente; y entonces:

+*se sabe un esclavo que constantemente busca en la sombra el alivio pronto del pondus diei et aestus

+*que lo único que tiene entre manos son días, meses, años baldíos, es decir vacíos, que no le aportan ningún consuelo ni alivio

+*que ni siquiera la noche, que se alarga, le sirve de descanso, pues se le sume en una fatiga interminable, con negros pensamientos, hasta el alba, cuya espera se le hace eterna, dando vueltas y más vueltas, hasta con la misma incertidumbre de si ella, el alba, lo encontrará vivo

+*pero además, dice, mis días corren más que una lanzadera lo que convierte mi vida en un soplo, y qué esperanza de nada me puede quedar, pues sé que mis ojos no verán más la dicha.

Es posible que también a nosotros los años de nuestra vejez se nos tornen insípidos, sobre todo si los de nuestra juventud y adultez han sido brillantes por su actividad y dinamismo. Con todo, hemos de reconocer que hay en nuestro mundo muchas personas a las que la vida, demasiada colmada a veces de dolor, o de simple vacío se les presente como a Job como una pasión inútil, según decía Sartre, como una experiencia sin sentido.

+ En la segunda lectura, Pablo, en diálogo hecho público, pues lo incluye en una carta dirigida a los Corintios, pero que en el fondo es un monólogo consigo mismo, ahonda en la reflexión de Job, pero la ilumina con reflectores altamente espirituales: ¿mi vida...?, se pregunta, no tiene otra alternativa que la de predicar, pues no la he escogido yo a mi gusto, en cuyo caso tendría mis supuestos derechos a las rentas de ese capital mío aventurado por mí; pero no, toda ella es un encargo que otro ha puesto sobre mis hombros; por eso, si se me ocurriera preguntar ¿cuál es mi paga?, me respoondo, dice, simplemente la de predicar, dar a conocer el evangelio, anunciándolo precisamente de balde, pues no es mío, ni siquiera me torturo con la esperanza de los supuestos derechos del portador. Mi respuesta a la gratuidad de la elección de mi vida por otro, es tan gratuita como la misma elección; por eso me abajo a los débiles aunque yo no lo sea... y nada espero de esto como no sea el participar también yo del contenido del Evangelio que predico siendo él un gran don no merecido pero, además, profundamente rico.

Como vemos, hermanos la respuesta de Pablo a la vida dista toto coelo a la quejumbrosa de Job, que por lo demás no criticamos, pues tantas veces caemos también nosotros en exigencias por lo que hacemos, incluso con la experiencia repetida de que cada vez que lo hacemos así, repetimos en nosotros la desesperanza, pues sólo un corazón sencillo y dispuesto a la entrega puede satisfacerle de verdad, en profundidad al hombre, hecho a imagen de Dios que es todo amor gratuito, ofrecido, desinteresado. La advertencia que Pablo se hace a sí mismo, cuando exclama “y ¡ay de mí si no anuncio el Evangelio! Nos recuerdan esas otras Palabras de la Escritura: “No entrarán en mi descanso”. El descanso de Dios es, primero la paz del alma, “mi paz os doy”, que nos prometió Jesús, y con ella todo los demás. Y de esa paz sólo disfruta el hombre que se siente evangelio, buena noticia que ofrecer a su hermano con su conducta, pues los bienes del evangelio son a la vez la mejor paga para el mismo hombre que lo predica. Y quizás, este de los bienes del evangelio sea un capítulo que predicamos poco: la buena conciencia con Dios, con el prójimo y consigo mismo; la mente clara sobre los valores de la vida cristiana, las ventajas de esforzarse en entrar por la vía estrecha de fidelidad que mantiene la vida en equilibrio, la esperanza en la Providencia de Dios, la fe en que Dios se ha encarnado para darnos ejemplo de vida y fuerzas con su gracia, la caridad, cuya consumación nos aguarda en el Cielo. Esa es nuestra paga, la paga de la vida para el cristiano.

Finalmente en el Evangelio de hoy contemplamos, como de costumbre, a Jesús haciendo realidad concreta la doctrina considerada en las dos primeras lecturas: habilitando a la suegra de Pedro, que por cierto, enferma, debía sufrir más por no poder serles útil que por el malestar de la fiebre; de hecho significativamente añade el evangelista: enseguida se puso a servirles: esa fue la paga que esperaba. Y a continuación la enorme y polifacética acción curativa de Jesús y la oración de madrugada en el silencio de la creación, sumido en el amor al Padre (qué consolador ejemplo para nosotros) y la respuesta que dio a los suyos, cuando para arrancarle con fuerza de su oración le dijeron ’todo el mundo te busca’... Pues, si es así, salgamos nosotros a su encuentro, vayamos a sus aldeas a predicarles en ellas, que para eso he venido yo. Es la respuesta a la queja de Job y al temor de Pablo: ay de mí si no predicare... Y así recorrió toda Galilea predicando, adoctrinando y expulsando a tanto demonio que tantas veces se introduce en nuestras vidas

La vida: una oportunidad que se nos ha dado, para, superando las lamentaciones sobre sus pesadumbres, predicar el evangelio cada uno en la medida en que lo haya recibido y se vea identificado con él.

Terminemos la escucha de la Palabra de Dios en esta Eucaristía, repitiendo una vez más el estribillo del salmo responsorial: Alabad al Señor que sana los corazones quebrantados. Sólo Dios puede cambiar nuestras quejas en actividades evangélicas. Así sea, así es.

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5DO.I.B- 2012 (Mulet)

Francesc Mulet, escolapio

La palabra de este domingo nos muestra a Jesús venciendo con su poder divino el mal que, como vemos en el caso de Job y en los numerosos enfermos que cura Cristo, trata de dominar al hombre de múltiples maneras, físicas y espirituales. También Pablo siente la urgencia de proclamar la salvación de Dios para el hombre y exclama: ¡Ay de mí si no anuncio el evangelio!

Hay en el evangelio de hoy un detalle que no puede pasarnos desapercibido. Al día siguiente de haber curado Jesús a la suegra del apóstol Pedro y a otros muchos enfermos que le trajeron al atardecer, el Señor "se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar". Es frecuente en los evangelios esta referencia a la oración de Jesús, que fue su diálogo constante con el Padre.

Tal es la actitud de una fe madura. Sobre ella reflexionaremos hoy, acentuando la necesidad de la madurez personal como soporte de esa fe, para dar el paso de una fe infantil a un cristianismo adulto.

Hablamos hoy de cristianos maduros no por moda o por emancipación del paternalismo clerical de antaño, sino por la convicción profunda de que la fe, para sobrevivir en un mundo secularizado, ha de caminar al mismo paso que la madurez y progresiva personalización del desarrollo humano. Por eso deben corresponderse maduración humana y madurez cristiana.

A las edades cronológicas de la vida: infancia, adolescencia, juventud, edad madura y ancianidad, corresponde una edad sicológica, que no permite el estancamiento ni la regresión. Esto debiera ser así, pero con frecuencia el desarrollo no es rectilíneo, sino con altibajos como efecto de las regresiones que dificultan la integración personal y la convivencia.

Una madurez total es un ideal difícil de alcanzar, pero esforzarse por darle alcance es un deber moral del hombre y de la mujer.

Respecto de la Iglesia, la actitud madura es sentirse miembro responsable de la misma. Ni identificación infantil ni crítica destructiva, sino adhesión personal a la misión de la misma, viviendo bajo el signo del Espíritu con los demás y para los otros, para la difusión de la justicia, de la paz y del amor evangélico. Para esto hay que tomar conciencia de dos aspectos.

1) Vocación del cristiano en la Iglesia de Dios.

2) Es necesario soportar los defectos ajenos lo mismo que los propios, porque son fruto de las limitaciones humanas de una Iglesia compuesta de hombres y mujeres, una comunidad que es santa y pecadora simultáneamente. El tesoro de la fe "lo llevamos en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros" (2Cor 4,7).

En la vida encontramos pocos cristianos auténticamente adultos; pero la verdad es que tampoco existen muchos hombres y mujeres maduros, con personalidad armónica, seguros de sí mismos y equilibrados.

Vivimos en una civilización masiva que no favorece sino que aliena la persona, debido al consumismo, la propaganda del tener sobre el ser, la televisión que infantiliza, la manipulación ideológica, etc.

Una civilización donde la neurosis y la despersonalización de las relaciones, el vértigo y la prisa, la hipertrofia de los sentidos y de la corporalidad, retardan la maduración del individuo, creando regresiones sicológicas y fomentando fijaciones conflictivas. Hemos de reaccionar, motivándonos para crecer con la ayuda de Dios como personas y creyentes.

Ten ánimo y continúa en este camino de personalización y seguimiento del Señor. Reza por los escolapios.

Una abrazo fraterno,
Francesc Mulet

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Friday, January 27, 2012

4DO.I,B 2012 (Pagola)

Marcos 1, 21-28
CURADOR
José Antonio Pagola

Según Marcos, la primera actuación pública de Jesús fue la curación de un hombre poseído por un espíritu maligno en la sinagoga de Cafarnaún. Es una escena sobrecogedora, narrada para que, desde el comienzo, los lectores descubran la fuerza curadora y liberadora de Jesús.

Es sábado y el pueblo se encuentra reunido en la sinagoga para escuchar el comentario de la Ley explicado por los escribas. Por primera vez Jesús va a proclamar la Buena Noticia de Dios precisamente en el lugar donde se enseña oficialmente al pueblo las tradiciones religiosas de Israel.

La gente queda sorprendida al escucharle. Tienen la impresión de que hasta ahora han estado escuchando noticias viejas, dichas sin autoridad. Jesús es diferente. No repite lo que ha oído a otros. Habla con autoridad. Anuncia con libertad y sin miedos a un Dios Bueno.

De pronto un hombre «se pone a gritar: ¿Has venido a acabar con nosotros?». Al escuchar el mensaje de Jesús, se ha sentido amenazado. Su mundo religioso se le derrumba. Se nos dice que está poseído por un «espíritu inmundo», hostil a Dios. ¿Qué fuerzas extrañas le impiden seguir escuchando a Jesús? ¿Qué experiencias dañosas y perversas le bloquean el camino hacia el Dios Bueno que él anuncia?

Jesús no se acobarda. Ve al pobre hombre oprimido por el mal, y grita: «Cállate y sal de él». Ordena que se callen esas voces malignas que no le dejan encontrarse con Dios ni consigo mismo. Que recupere el silencio que sana lo más profundo del ser humano.

El narrador describe la curación de manera dramática. En un último esfuerzo por destruirlo, el espíritu «lo retorció y, dando un grito muy fuerte, salió». Jesús ha logrado liberar al hombre de su violencia interior. Ha puesto fin a las tinieblas y al miedo a Dios. En adelante podrá escuchar la Buena Noticia de Jesús.

No pocas personas viven en su interior de imágenes falsas de Dios que les hacen vivir sin dignidad y sin verdad. Lo sienten, no como una presencia amistosa que invita a vivir de manera creativa, sino como una sombra amenazadora que controla su existencia. Jesús siempre empieza a curar liberando de un Dios opresor.

Sus palabras despiertan la confianza y hacen desaparecer los miedos. Sus parábolas atraen hacia el amor a Dios, no hacia el sometimiento ciego a la ley. Su presencia hace crecer la libertad, no las servidumbres; suscita el amor a la vida, no el resentimiento. Jesús cura porque enseña a vivir sólo de la bondad, el perdón y el amor que no excluye a nadie. Sana porque libera del poder de las cosas, del autoengaño y de la egolatría.

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4DO.I,B 2012 (Mulet)

Francesc Mulet, escolapio

Si al llegar la plenitud de los tiempos Dios no habló ya por intermediarios, sino por su propio Hijo, eso tenía que notarse en la palabra de Jesús. Él no habla con autoridad vicaria, sino propia. Los profetas comenzaban siempre así: "Esto dice el Señor". En cambio, Jesús afirma:"Habéis oído que se dijo a los antiguos..., pero yo os digo".

Cristo tampoco hablaba como los rabinos, que comentaban la Escritura a base de citar autoridades y de casuística atomizada, cargando fardos pesados sobre los oyentes. No; el estilo de enseñar de Jesús era más bien liberador; era el anuncio de una buena noticia para los sencillos. Naturalmente, la gente captó la diferencia; por eso le entusiasmaba, "porque no enseñaba como los letrados, sino con autoridad".

Es la autoridad que viene del carisma y no del poder; por esa autoridad optó Jesús. El poder se da y se quita a dedo o por los votos, pero la autoridad se gana a pulso, se merece y se goza. Tener autoridad supone tener carisma. Éste era el punto fuerte de Jesús, quien, por otra parte, había renunciado a todo poder para sí y los suyos: "El que quiera ser el primero entre vosotros que se haga el último y el servidor de todos. Igual que el Hijo del hombre que no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos" (Mc 10,44s).

El poder abre muchas puertas, llena muchos bolsillos, obliga, impone silencio, se atribuye carismas e incluso suplanta al Espíritu; pero no sirve para hacer mejores y más libres a las personas. En cambio, el carisma no se atribuye poderes, habla hasta con el silencio, libera al hombre y transparenta el Espíritu. Éste segundo fue el estilo de Jesús y debe ser el del cristiano y la Iglesia.

El evangelista San Marcos relaciona más estrechamente que los otros dos la actividad docente del Señor con su revelación como Mesías e Hijo de Dios. ¿Cómo? A base de conectar la enseñanza de Jesús con sus milagros, cuya abundante narración viene a apoyar la palabra del maestro. Ambos aspectos, mensaje y obras, ponen de manifiesto la autoridad superior y el poder mesiánico de Jesús, revelando su persona divina.

Una autoridad personal y diferente es lo que demuestra Jesús en su enseñanza y sus obras, porque no se basa en la fuerza, sino en el carisma. Cuando en más de una ocasión sus enemigos lo increpan: ¿Con qué autoridad haces esto?, Cristo se remite precisamente al testimonio de sus obras. Ellas probaban sobradamente su identidad mesiánica, que sus adversarios no querían reconocer, cegados por la idea de un mesías poderoso.

Pero estas obras a las que Cristo se remite no son actos de fuerza avasalladora, sino servicio humilde a la liberación de los pobres, los enfermos y los esclavos del pecado. Por eso, el significado más profundo de las curaciones que Jesús realiza, por ejemplo, de "endemoniados"como el de hoy, es, sin duda, su dimensión liberadora de la persona. Aquí radica la grandeza de quien vino a servir y a salvar lo perdido.

Te pido que tengas ánimo y sigas animado en el camino de Jesús.

Reza por los escolapios. Un fuerte abrazo,

Francesc Mulet i Ruís

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3DO.I,B 2012 (Pagola)

Marcos 1, 14-20
OTRO MUNDO ES POSIBLE
José Antonio Pagola

No sabemos con certeza cómo reaccionaron los discípulos del Bautista cuando Herodes Antipas lo encarceló en la fortaleza de Maqueronte. Conocemos la reacción de Jesús. No se ocultó en el desierto. Tampoco se refugió entre sus familiares de Nazaret. Comenzó a recorrer las aldeas de Galilea predicando un mensaje original y sorprendente.

El evangelista Marcos lo resume diciendo que «marchó a Galilea proclamando la Buena Noticia de Dios». Jesús no repite la predicación del Bautista, ni habla de su bautismo en el Jordán. Anuncia a Dios como algo nuevo y bueno. Este es su mensaje.

«Se ha cumplido el plazo». El tiempo de espera que se vive en Israel ha acabado. Ha terminado también el tiempo del Bautista. Con Jesús comienza una era nueva. Dios no quiere dejarnos solos ante nuestros problemas, sufrimientos y desafíos. Quiere construir junto con nosotros un mundo más humano.

«Está cerca el reino de Dios». Con una audacia desconocida, Jesús sorprende a todos anunciando algo que ningún profeta se había atrevido a declarar: "Ya está aquí Dios, con su fuerza creadora de justicia, tratando de reinar entre nosotros". Jesús experimenta a Dios como una Presencia buena y amistosa que está buscando abrirse camino entre nosotros para humanizar nuestra vida.

Por eso, toda la vida de Jesús es una llamada a la esperanza. Hay alternativa. No es verdad que la historia tenga que discurrir por los caminos de injusticia que le trazan los poderosos de la tierra. Es posible un mundo más justo y fraterno. Podemos modificar la trayectoria de la historia.

«Convertíos». Ya no es posible vivir como si nada estuviera sucediendo. Dios pide a sus hijos e hijas colaboración. Por eso grita Jesús: "Cambiad de manera de pensar y de actuar". Somos las personas las que primero hemos de cambiar. Dios no impone nada por la fuerza, pero está siempre atrayendo nuestras conciencias hacia una vida más humana.

Creed en esta Buena Noticia». Tomadla en serio. Despertad de la indiferencia. Movilizad vuestras energías. Creed que es posible humanizar el mundo. Creed en la fuerza liberadora del Evangelio. Creed que es posible la transformación. Introducid en el mundo la confianza.

¿Qué hemos hecho de este mensaje apasionante Jesús? ¿Cómo lo hemos podido olvidar? ¿Con qué lo hemos sustituido? ¿En qué nos estamos entreteniendo si lo primero es "buscar el reino de Dios y su justicia"? ¿Cómo podemos vivir tranquilos observando que el proyecto creador de Dios de una tierra llena de paz y de justicia está siendo aniquilado por los hombres?

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3DO.I,A 2012 (Mulet)

Francesc Mulet, escolapio

Convertirse al reino de Dios supone optar por las cualidades constitutivas del mismo, que son los valores personales del ser: verdad y vida, santidad y gracia, justicia, amor y paz, frente a los del tener: dinero, poder, influencia, explotación y dominio. En el interior del hombre, en su corazón, es donde ha de germinar la minúscula semilla del reino; porque es del corazón de las personas de donde brota todo lo bueno y lo malo que vemos en el mundo, como avisó Jesús.

Solamente si nos convertimos a los valores del reino de Dios abandonaremos los criterios del mundo y del hombre terreno, asimilando las actitudes básicas de las bienaventuranzas: pobreza, hambre y sed de justicia, fraternidad, solidaridad, no violencia, reconciliación, perdón y amor al hermano, incluso al enemigo.

El cambio de estructuras en la familia y en la sociedad, en la política y en la economía, es un engaño y una utopía imposible sin esta conversión interior. Pues la trampa y el egoísmo antiguos se agazaparán en la ley y situación nuevas, perpetuándose así el desamor, la explotación del otro y la opresión del más débil. Únicamente la levadura que actúa desde dentro, es decir, la opción evangélica, puede transformar la masa entera y hacer efectivo el proyecto del reino en nuestra vida y nuestro mundo.

Los dones que recibimos de Dios tienen una finalidad sublime: colaborar con él en su reino, es decir, en la obra creadora del bien y del amor, aportando cada uno su granito de arena.

El mundo y la historia, la vida y la ciencia, el amor y la justicia, la sociedad y la familia, todo eso es responsabilidad humana, porque Dios lo dejó en manos del hombre. Son los talentos que él le confió para que los ponga al servicio del bien común, multiplicándolos y haciéndolos asequibles a todos. Esa legítima secularidad, con Dios en la raya del horizonte, es un presupuesto para la auténtica mayoría de edad del cristiano.

Creer es comprometerse y asumir conscientemente la propia responsabilidad y el proyecto cristiano personal y comunitario en progresión ascendente y sin fijaciones infantiles.

Por eso, motivémonos para crecer como personas y como cristianos en profundidad personal y en relación comunitaria; porque ésa es la regla evangélica del juego y la ley del reinado de Dios, ley de crecimiento a todos los niveles. Que él nos conceda el espíritu joven del evangelio para amar cada día más, para empezar la vida cada mañana a los treinta, cuarenta o sesenta años.

Para eso, necesitamos vivir en un perenne estado de conversión, porque el momento que vivimos es apremiante.

Ánimo y a continuar en la tarea del Reino que se nos ha encomendado.
Un abrazo cordial,

Francesc Mulet i Ruís

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2DO.I,B Homilía 2012 (Ángel)

Domingo II del T.O. (ciclo B )
Ángel Martínez, escolapio

Creo que la primera lectura marca una de las síntesis a que suelen prestarse las lecturas de cada domingo; dicha síntesis, en este caso, estaría acorde con el misterio navideño del que acabamos de salir, y sobre el que San Juan, que insiste tantas veces en sus escritos: el Verbo, la ‘Palabra’, apareció en carne, hombre como nosotros; lo cual quiere decir, que su presencia entre nosotros, lo invadió, al menos modélicamente, todo, y por todo entendemos todas las estructuras del ser humano, no sólo las intelectivas sobre las que recae la doctrina, sino también las sensibles, que son la base de todas las relaciones humanas, es decir, de la Vida. Porque precisamente la primera lectura de este domingo, II del T. O., nos habla también de la Palabra del Señor que Samuel aún no conocía, pues todavía no se le había revelado el Señor a través de ella. La lectura nos puede recordar la lectio divina que tuvimos el pasado lunes sobre el inicio del evangelio de Juan: ‘En el principio era la Palabra’.

Pasando por alto las hipótesis de los biblistas, de si San Juan al encabezar su evangelio identificando a Dios con la Palabra, de entrada, y con su Hijo en la plenitud de los tiempos después, quiso con ello dar una contrarréplica al ‘logos’ griego de la cultura helénica en la que él forzosamente estuvo inmerso, y si con esa respuesta, quiso cortar también de cuajo toda aplicación al Jesús ya no conocido por sus contemporáneos –recordemos que Juan alcanzó la segunda y aun la tercera generación de cristianos tras la desaparición de los que habían conocido al Señor-, de elucubraciones filosóficas, que podían situar y elevar a Jesús, en el contagioso mundo de los mitos de todo el pensamiento griego... desgajándolo del mundo de los vivos, en el Olimpo de los dioses, con la buena supuesta intención de dotar al Señor de una autoridad, de la que les parecía carecer suficientemente el simple Jesús de los evangelios, sin advertir que la fuerza social de Jesús, su pedigrí, diríamos hoy, estaba precisamente en su condición absolutamente encarnada, humana, probado, experimentado en todo menos en el pecado-...

De hecho las terminantes afirmaciones con que el evangelista Juan comienza su evangelio, tan ajenas al modus completamente hebreo de los sinópticos, no están muy alejadas de tales interpretaciones o sospechas, pues lo que sí es totalmente verídico es que Juan quiere terminar con las pretensiones de moda de los ‘últimos tiempos’, dice él, –expresión también tajante de Juan, esa de ‘los últimos tiempos’- a todas las especies de gnosticismo que proliferaban en esos ‘últimos tiempos’.

Pero es que además la Palabra de la revelación y de la Encarnación nada tienen que ver con el logos griego, que es idea, razón, simple pensamiento, producto de sí mismo, que a lo más que puede llevar al hombre, cuando se convierte en técnica, es a un mejoramiento notable de su vida sobre la inhóspita tierra, que no es poco ciertamente, pero nunca a la conversión de tipo evangélico, puerta sine qua non para llegar a salvación eterna.

Mientras que al identificar a Dios con la Palabra, está el evangelista recalcando aquel aspecto a través del cual Dios puede comunicarse, hacerse entender de su creatura:, la Palabra, primero a través de la revelación veterotestamentaria –el ‘oráculo del Señor’ de tantas páginas de la Biblia y luego hecha carne modélica pero cálida para el hombreen la persona de Jesús. Porque ciertamente esa Palabra es algo que le llega al hombre ‘desde fuera’ a través de una de las sensibilidades más íntimas del mismo: la del oído, más incluso que la de la vista, expuesta a tanta atracción de los engañosos colores del exterior que con frecuencia nos hacen olvidar a los hombres que la sede de su vida auténtica está en la respuesta ‘personalizada’ de su interior a la voz, a la Palabra que suena ‘gratuitamente’, pero dentro de su condición real. Mientras que el oído despojado de todo revestimiento colorista le obliga al hombre a la indagación del origen de la Palabra, le sume en un silencio oscuro, silencioso de la búsqueda personal de su significado para él, de su contenido. Por eso califica la misma Biblia la eficacia de esa misma Palabra cuando de ella dice ‘que no volverá a mí vacía, pues es más eficaz que cuchillo de doble filo. Por eso Juan nos habló de Palabra, sonido sonoro, valga el pleonasmo, cargado no sólo de contenido sino de fuerza, de empuje vigoroso por sí misma hasta producir vida.

Y eso es lo que le ocurrió a Samuel adoctrinado por el Sacerdote de turno: presta oído a la palabra de Dios, hijo, le dijo Helí. Y la Palabra hecha carne, cuando quiso revelarnos sus orígenes se entregó a la ‘predicación oral’ de la palabra, valga una vez más el pleonasmo; y el mismo Jesús predicador antes de dejarnos ‘en este valle hondo oscuro, en soledad y llanto’ mandó a los suyos euntes in mundum universum praedicate evangelium omni creaturae. Misión que la Iglesia no ha dejado de cumplir a través de los tiempos y que es la primera arma de su pacífica pero eficacísima batalla de conquista.

Pues eso: la palabra es un elemento sensible, capaz de transformar los hábitos también sensibles de todo nuestro cuerpo, que, tras escuchar la Palabra no puede ya vivir de y para su sola sensibilidad, como nos lo advierte Pablo en la segunda lectura de hoy: el cuerpo es para Dios y Dios para el cuerpo, que está llamado a ser llevado a una vida superior en la resurrección del Hijo, de cuyo cuerpo somos ya miembros; de modo que el cuerpo, sede de todas las sensibilidades del hombre debe ser respetado y mimado con atención y cuidado para que no se nos estropee, pues cuerpo empecatado lo primero que pierde son las virtudes más propias del cristiano, la fe, la esperanza y la caridad y se hace habitáculo inepto para toda percepción del espíritu a través de la Palabra y para cualquier realización altruista. Los terrenos donde el vicio asienta su indiferencia moral -fomentada infernalmente, hay que decirlo, tantas veces desde arriba- se convierten en tierra valdía donde la planta del cristianismo muere. Hay que vigilar y enseñar al cuerpo el dominio de sí, mateniéndolo en vigor, y enseñándole- a orar, pues como dice el poeta ‘cuerpo ayuno y desvelado, fácilmente se empereza y más que reza bosteza indevoto y desmayado’. Tenemos los cristianos tantos argumentos para oponernos a la propaganda verdaderamente diabólica del enemigo infernal, y el más vigoroso es el de nuestra salud espiritual y el de nuestra alegría...

Pues eso, que asomándonos finalmente al evangelio de hoy, también en él se nos muestra el valor de lo sensible, en este caso de la amistad con Jesús de sus primeros seguidores: ‘Dónde habitas, maestro? Venid y lo veréis. Fueron y lo vieron y se quedaron con él hasta las tantas de la noche’. No han comenzado así, en la historia tantos movimientos de carácter político y social? Pues también el religioso debe vaciarse a fondo y con acierto en todos los medios que al hombre le ofrece su condición de sensible, porque, además, estos movimientos mueven al hombre a la misión, como en el caso de Andrés que tras los primeros contactos con el Señor convenció a su hermano Pedro a que fuera con él a conocerlo. Y de ahí salió el Pedro-piedra, el cefas-cabeza primera de la Iglesia peregrina.

Concluyendo: Todo en la historia de la revelación se reduce a Palabra, Palabra hablada y escuchada, el ‘oráculo del Señor’ de tantas páginas de la Biblia: Multifarie multisque modis Deus loquens olim patribus in prophetis, novissimis diebus istis locutus est nobis in Filio: Dios, hablando –loquens-, Dios ha hablado –locutus est-: Dios no tiene más que una Palabra, la que nos ha dado en su Hijo y no tiene otra, que dice nuestro San Juan de la Cruz.

Que el Señor nos lo recuerde una y mil veces en su misericordia y aun pidámosle que lo haga con insistencia en nuestra oración personal repitiendo con el niño Samuel: habla, Señor, pero haz que te escuche. Y recordemos al caso la sabia advertencia que nos hacía N.S.P.: La Palabra del Espíritu es, según nos dijo el Señor, como el aire que sopla pero no sabes de dónde viene y, de entrada, a dónde va o qué es lo que quiere; nos conviene estar alerta para que no pase de largo por nuestras vidas. Que así sea.

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4DN,B Epifanía 2012 (Mulet)

Francesc Mulet

La Estrella que guió a los Magos, es hoy para nosotros el signo que Dios en Cristo viene a iluminar nuestra noche, viene a iluminar a todos los pueblos, a todos los hombres. Dios viene, en Cristo, a iluminar nuestra vida.

Señor Jesús, que has venido como Luz para todos los pueblos, ilumina nuestra noche y danos la fuerza para levantarnos y abrir nuestros ojos a tu Presencia. Que nos dejemos guiar por tu Estrella, por esa Luz interior que nos indica cuál es el camino que nos conduce hacia Ti, el camino hacia una verdadera transformación y el camino para hacer la tierra más habitable para todos.

Tú eres nuestra Estrella. Tú eres la Estrella para los pobres, para los que sufren, para los que sirven, para los que buscan, para todo el que ama de verdad. Tú, Cristo, eres nuestra Luz. Vence las tinieblas de nuestro corazón. Ilumina la noche de nuestro mundo.

Francesc Mulet i Ruís

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2DO,B.I 2012 (Pagola)

Juan 1, 35-42
APRENDER A VIVIR
José Antonio Pagola

El/ evangelista Juan narra los humildes comienzos del pequeño grupo de seguidores de Jesús. Su relato comienza de manera misteriosa. Se nos dice que Jesús «pasaba». No sabemos de dónde viene ni adónde se dirige. No se detiene junto al Bautista. Va más lejos que su mundo religioso del desierto. Por eso, indica a sus discípulos que se fijen en él: «Éste es el Cordero de Dios».

Jesús viene de Dios, no con poder y gloria, sino como un cordero indefenso e inerme. Nunca se impondrá por la fuerza, a nadie forzará a creer en él. Un día será sacrificado en una cruz. Los que quieran seguirle lo habrán de acoger libremente.

Los dos discípulos que han escuchado al Bautista comienzan a seguir a Jesús sin decir palabra. Hay algo en él que los atrae aunque todavía no saben quién es ni hacia dónde los lleva. Sin embargo, para seguir a Jesús no basta escuchar lo que otros dicen de él. Es necesaria una experiencia personal.

Por eso, Jesús se vuelve y les hace una pregunta muy importante: «¿Qué buscáis?». Estas son las primeras palabras de Jesús a quienes lo siguen. No se puede caminar tras sus pasos de cualquier manera. ¿Qué esperamos de él? ¿Por qué le seguimos? ¿Qué buscamos?

Aquellos hombres no saben adónde los puede llevar la aventura de seguir a Jesús, pero intuyen que puede enseñarles algo que aún no conocen: «Maestro, dónde vives?». No buscan en él grandes doctrinas. Quieren que les enseñe dónde vive, cómo vive, y para qué. Desean que les enseñe a vivir. Jesús les dice: «Venid y lo veréis».

En la Iglesia y fuera de ella, son bastantes los que viven hoy perdidos en el laberinto de la vida, sin caminos y sin orientación. Algunos comienzan a sentir con fuerza la necesidad de aprender a vivir de manera diferente, más humana, más sana y más digna. Encontrarse con Jesús puede ser para ellos la gran noticia.

Es difícil acercarse a ese Jesús narrado por los evangelistas sin sentirnos atraídos por su persona. Jesús abre un horizonte nuevo a nuestra vida. Enseña a vivir desde un Dios que quiere para nosotros lo mejor. Poco a poco nos va liberando de engaños, miedos y egoísmos que nos están bloqueando.

Quien se pone en camino tras él comienza a recuperar la alegría y la sensibilidad hacia los que sufren. Empieza a vivir con más verdad y generosidad, con más sentido y esperanza. Cuando uno se encuentra con Jesús tiene la sensación de que empieza por fin a vivir la vida desde su raíz, pues comienza a vivir desde un Dios Bueno, más humano, más amigo y salvador que todas nuestras teorías. Todo empieza a ser diferente./

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2DO,B.I 2012 (Mulet)

Francesc Mulet, escolapio

La primera lectura y el evangelio de este domingo inciden en el tema vocacional: llamada del profeta Samuel y de los primeros discípulos de Jesús.

Asimismo la segunda lectura resalta el compromiso totalizante que para la persona entera, cuerpo y espíritu, supone la vocación cristiana a la fe y al seguimiento de Cristo.

"Seguir" significa caminar junto a otro que señala el camino, significa el deseo de vivir con Él y como Él. Poniendo un poco de imaginación podemos contemplar a estos dos discípulos siguiendo a Jesús en silencio. Jesús se da cuenta de que le siguen. Es un momento muy importante porque hasta ahora nadie había seguido a Jesús. Durante 30 años nadie le había seguido y ahora Jesús es ya un adulto y tiene fuerza para arrastrar a otros, para despertar a otros, incluso para fascinar a algunos.

Y Jesús, consciente de que lo siguen, se vuelve y les pregunta: “¿Qué buscáis?”. Esta pregunta es fundamental, es válida para los hombres de toda época. Jesús quiere saber el objetivo que persiguen. Es una pregunta válida para el cristiano y para el hombre de hoy, envuelto en un marasmo de ofertas disgregadoras y fragmentadas. Es una pregunta que invita a clarificarse sobre lo verdaderamente importante en la vida: ¿qué buscáis? ¿Qué esperáis de mí? ¿Qué creéis que puedo ofreceros? ¿Cuál es el objetivo de vuestra búsqueda? ¿Qué os ha seducido para dejar a vuestro primer maestro? ¿Qué valores habéis visto en mí? ¿Cuáles son vuestras últimas motivaciones?

También nosotros podemos preguntarnos ¿Qué busco? ¿Qué mueve mi vida? Vale la pena que hoy nosotros nos detengamos en esta pregunta. ¿Qué sustenta mi vida?

Dios construye también con nuestra fragilidad, la fragilidad nos puede hacer más misericordiosos, más comprensivos, más llenos de comprensión para con los demás… Jesús cuenta con nosotros que somos frágiles para construir algo sólido.

Ánimo en este seguimiento del Señor, sigamos orando unos por otros.
Un abrazo,
Francesc Mulet

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2DO,B Exégesis 2012 (Espejo)

EXÉGESIS DEL EVANGELIO: Jn 1,35-42

1. Aclaraciones al texto

V.36 Fijándose. V.42 Se quedó mirando. Fijarse; quedarse mirando: dos sinónimos para un mismo verbo griego, que en todo el cuarto evangelio sólo aparece en estos dos versículos. Mirada honda, que se adentra y discierne.

V.36 Éste. Señala e invita. El Cordero de Dios. Expresión figurada: cordero pascual proporcionado por Dios. Los corderos de Pascua se sacrificaban en Jerusalén, en el Templo, entre doce y tres de la tarde.

V.39 Serían las cuatro de la tarde. Cuando el día va a finalizar; a las seis de la tarde comenzaba un nuevo día. Las indicaciones de tiempo del cuarto evangelio señalan hacia el acontecimiento pascual de la cruz. Las cuatro de la tarde remite a la franja de tiempo que sigue al sacrificio del cordero o, lo que es lo mismo, a la muerte de Jesús en la cruz.


2. Texto

Se abre con la mirada de Juan a Jesús; se cierra con la mirada de Jesús a Simón: miradas hondas, al interior reservado e invisible de la persona. Ambas se hacen después palabra anticipadora, majestuosa, sorprendente, misteriosa: Este es el Cordero de Dios (v.36); te llamarás Cefas (v.42).

Las palabras de Juan actúan de acicate en dos discípulos suyos, que deciden seguir a Jesús. La continuación es parca en palabras y profusa en silencios: los dos discípulos de Juan siguen a Jesús, ven y encuentran. Lo que encuentran lo formula Andrés en el v.41: ¡Hemos encontrado al Mesías! Habían seguido a un hombre y se encontraron con el Mesías, hombre especial y único.

El lugar del encuentro se diluye en beneficio de un dato temporal inesperado y sorprendente: Serían las cuatro de la tarde (v.39). Como lectores esperábamos ser informados sobre un lugar y, en cambio, se nos informa de una hora. El alcance de esta hora sólo lo descubrirá el lector del cuarto evangelio más adelante. Las cuatro de la tarde apuntan hacia el cordero sacrificado, hacia el tiempo y la casa del Padre.

Las palabras de Andrés actúan de acicate en su hermano Simón, que también experimenta la insospechada presencia y grandeza del Mesías.


3. Comprensión actualizante

Juan Bautista y Andrés hablan desde el impacto que supuso para ellos descubrir la personalidad íntima de Jesús, una persona con imán, capaz de fascinar, de transformar, de arrastrar.

Andrés descubrió a Jesús, impulsado por el testimonio de su maestro Juan Bautista; Pedro descubrió a Jesús, impulsado por el testimonio de su hermano Andrés.

Juan Bautista pudo testimoniar porque antes había descubierto la personalidad íntima de Jesús; Andrés pudo testimoniar porque antes había descubierto la personalidad íntima de Jesús. A la base del testimonio debe haber siempre un descubrimiento personal de Jesús.

Es así como seguir a Jesús se convierte para quien lo hace en una fantasía que disipa las dificultades del camino, incluida la muerte, y que culmina en el abrazo con el Padre.

Dejémonos fascinar por el texto de hoy, escuchando sus pocas palabras habladas y sus profusos silencios.

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Monday, November 28, 2011

34DO.II,A - Cristo Rey - 2011 (Pagola)

Mateo 25, 31-46
LO DECISIVO
José Antonio Pagola

El relato no es propiamente una parábola sino una evocación del juicio final de todos los pueblos. Toda la escena se concentra en un diálogo largo entre el Juez que no es otro que Jesús resucitado y dos grupos de personas: los que han aliviado el sufrimiento de los más necesitados y los que han vivido negándoles su ayuda.

A lo largo de los siglos los cristianos han visto en este diálogo fascinante "la mejor recapitulación del Evangelio", "el elogio absoluto del amor solidario" o "la advertencia más grave a quienes viven refugiados falsamente en la religión". Vamos a señalar las afirmaciones básicas.

Todos los hombres y mujeres sin excepción serán juzgados por el mismo criterio. Lo que da un valor imperecedero a la vida no es la condición social, el talento personal o el éxito logrado a lo largo de los años. Lo decisivo es el amor práctico y solidario a los necesitados de ayuda.

Este amor se traduce en hechos muy concretos. Por ejemplo, «dar de comer», «dar de beber», «acoger al inmigrante», «vestir al desnudo», «visitar al enfermo o encarcelado». Lo decisivo ante Dios no son las acciones religiosas, sino estos gestos humanos de ayuda a los necesitados. Pueden brotar de una persona creyente o del corazón de un agnóstico que piensa en los que sufren.

El grupo de los que han ayudado a los necesitados que han ido encontrando en su camino, no lo han hecho por motivos religiosos. No han pensado en Dios ni en Jesucristo. Sencillamente han buscado aliviar un poco el sufrimiento que hay en el mundo. Ahora, invitados por Jesús, entran en el reino de Dios como "benditos del Padre".

¿Por qué es tan decisivo ayudar a los necesitados y tan condenable negarles la ayuda? Porque, según revela el Juez, lo que se hace o se deja de hacer a ellos, se le está haciendo o dejando de hacer al mismo Dios encarnado en Cristo. Cuando abandonamos a un necesitado, estamos abandonando a Dios. Cuando aliviamos su sufrimiento, lo estamos haciendo con Dios.

Este sorprendente mensaje nos pone a todos mirando a los que sufren. No hay religión verdadera, no hay política progresista, no hay proclamación responsable de los derechos humanos si nos es defendiendo a los más necesitados, aliviando su sufrimiento y restaurando su dignidad.

En cada persona que sufre Jesús sale a nuestro encuentro, nos mira, nos interroga y nos suplica. Nada nos acerca más a él que aprender a mirar detenidamente el rostro de los que sufren con compasión. En ningún lugar podremos reconocer con más verdad el rostro de Jesús.

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34DO.II,A - Cristo Rey - 2011 (Mulet)

Francesc Mulet

La escena del juicio final, según la parábola del mismo nombre, es la realización de un grandioso cuadro apocalíptico. Destinatarios y sujetos de ese juicio somos todos. En esto se diferencia esta parábola de todas las demás, que se orientan a los discípulos, a los cristianos, a la comunidad de la Iglesia. Aquí se habla de todas las naciones; por tanto, judíos y gentiles, cristianos y paganos, creyentes y ateos.

El signo, ley y programa de examen para el juicio no serán otros que el amor al otro. Se cumple aquello de S. Juan de la Cruz: "En el atardecer de la vida seremos examinados de amor". El hecho de que Cristo se identifique con los pobres, los marginados y los que sufren, y además los llame sus hermanos menores, nos descubre cuán lejos está de la doctrina y conducta de Jesús toda idea triunfalista.

Las seis maneras de amar al prójimo, que Jesús detalla en su relación de gestos de amor, no tienen carácter de elenco absoluto y menos aún exclusivo. No se excluyen, sino que se dan por supuestos, otros puntos fundamentales de la enseñanza de Jesús y las realidades que se derivan de la vivencia del misterio de Cristo y de la condición cristiana: fe, conversión, bienaventuranzas, gracia y amistad de Dios, actitudes interiores, culto religioso, conducta moral, mandamientos, etc. El juicio final no será más que hacer público el testimonio que día a día vamos pronunciando nosotros mismos con nuestra vida de amor o desamor.

Seremos valorados según la aceptación o el rechazo de Cristo a quien no vemos en carne y hueso, pero que se identifica con cuantos sufren en la tierra de los humanos. El prójimo es así la pantalla de nuestra vida, el vídeo para leer nuestra conducta, el espejo para recomponer nuestra figura cristiana, porque "quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve" (Jn 4,20). La sensibilidad y solidaridad eficaces ante el dolor ajeno son, pues, la medida exacta de nuestro cristianismo.

Te deseo una buena semana, con la celebración de la Fiesta de San Calasanz y el día de los maestros.

Felicidades y un abrazo,

Francesc Mulet

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33DO.II,A - 2011 (Pagola)

Mateo 25,14-30
MIEDO AL RIESGO
José Antonio Pagola

La parábola de los talentos es muy conocida entre los cristianos. Según el relato, antes de salir de viaje, un señor confía la gestión de sus bienes a tres empleados. A uno le deja cinco talentos, a otro dos y a un tercero un talento: «a cada cual según su capacidad». De todos espera una respuesta digna.

Los dos primeros se ponen «enseguida» a negociar con sus talentos. Se les ve trabajar con decisión, identificados con el proyecto de su señor. No temen correr riesgos. Cuando llega el señor le entregan con orgullo los frutos: han logrado duplicar los talentos recibidos.

La reacción del tercer empleado es extraña. Lo único que se le ocurre es «esconder bajo tierra» el talento recibido para conservarlo seguro. Cuando vuelve su señor, se justifica con estas palabras: «Señor, sabía que eras exigente y siegas donde no siembras... Por eso, tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo». El señor lo condena como empleado «negligente».

En realidad, la raíz de su comportamiento es más profunda. Este empleado tiene una imagen falsa del señor. Lo imagina egoísta, injusto y arbitrario. Es exigente y no admite errores. No se puede uno fiar. Lo mejor es defenderse de él.

Esta idea mezquina de su señor lo paraliza. No se atreve a correr riesgo alguno. El miedo lo tiene bloqueado. No es libre para responder de manera creativa a la responsabilidad que se le ha confiado. Lo más seguro es «conservar» el talento. Con eso basta.

Probablemente, los cristianos de las primeras generaciones captaban mejor que nosotros la fuerza interpeladora de la parábola. Jesús ha dejado en nuestras manos el Proyecto del Padre de hacer un mundo más justo y humano. Nos ha dejado en herencia el mandato del amor. Nos ha confiado la gran Noticia de un Dios amigo del ser humano. ¿Cómo estamos respondiendo hoy los seguidores de Jesús?

Cuando no se vive la fe cristiana desde la confianza sino desde el miedo, todo se desvirtúa. La fe se conserva pero no se contagia. La religión se convierte en deber. El evangelio es sustituido por la observancia. La celebración queda dominada por la preocupación ritual.

Sería un error presentarnos un día ante el Señor con la actitud del tercer empleado: "Aquí tienes lo tuyo. Aquí está tu Evangelio, aquí está el proyecto de tu reino y tu mensaje de amor a los que sufren. Lo hemos conservado fielmente. Lo hemos predicado correctamente. No ha servido mucho para transformar nuestra vida. Tampoco para abrir caminos de justicia a tu reino. Pero aquí lo tienes intacto".

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