Tuesday, June 28, 2011

8DP,A - Pentecostés - 2011 (Pagola)

Juan 20,19-23
INVOCACIÓN
José Antonio Pagola

Según San Juan, el Espíritu hace presente a Jesús en la comunidad cristiana, recordándonos su mensaje, haciéndonos caminar en su verdad, interiorizando en nosotros su mandato del amor. A ese Espíritu invocamos en esta fiesta de Pentecostés.

Ven Espíritu Santo y enséñanos a invocar a Dios con ese nombre entrañable de "Padre" que nos enseñó Jesús. Si no sentimos su presencia buena en medio de nosotros, viviremos como huérfanos. Recuérdanos que sólo Jesús es el camino que nos lleva hasta él. Que sólo su vida entregada a los últimos nos muestra su verdadero rostro. Sin Jesús nunca entenderemos su sed de paz, de justicia y dignidad para todos sus hijos e hijas.

Ven Espíritu Santo y haznos caminar en la verdad de Jesús. Sin tu luz y tu aliento, olvidaremos una y otra vez su Proyecto del reino de Dios. Viviremos sin pasión y sin esperanza. No sabremos por qué le seguimos ni para qué. No sabremos por qué vivir y por qué sufrir. Y el Reino seguirá esperando colaboradores.

Ven Espíritu Santo y enséñanos a anunciar la Buena Noticia de Jesús. Que no echemos cargas pesadas sobre nadie. Que no dictaminemos sobre problemas que no nos duelen ni condenemos a quienes necesitan sobre todo acogida y comprensión. Que nunca quebremos la caña cascada ni apaguemos la mecha vacilante.

Ven Espíritu Santo e infunde en nosotros la experiencia religiosa de Jesús. Que no nos perdamos en trivialidades mientras descuidamos la justicia, la misericordia y la fe. Que nada ni nadie nos distraiga de seguirlo como único Señor. Que ninguna doctrina, práctica o devoción nos aleje de su Evangelio.

Ven Espíritu Santo y aumenta nuestra fe para experimentar la fuerza de Jesús en el centro mismo de nuestra debilidad. Enséñanos a alimentar nuestra vida, no de tradiciones humanas ni palabras vacías, sino del conocimiento interno de su Persona. Que nos dejemos guiar siempre por su Espíritu audaz y creador, no por nuestro instinto de seguridad.

Ven Espíritu Santo, transforma nuestros corazones y conviértenos a Jesús. Si cada uno de nosotros no cambia, nada cambiará en su Iglesia. Si todos seguimos cautivos de la inercia, nada nuevo y bueno nacerá entre sus seguidores. Si no nos dejamos arrastrar por su creatividad, su movimiento quedará bloqueado.

Ven Espíritu Santo y defiéndenos del riesgo de olvidar a Jesús. Atrapados por nuestros miedos e incertidumbres, no somos capaces de escuchar su voz ni sentir su aliento. Despierta nuestra adhesión pues, si perdemos el contacto con él, seguirá creciendo en nosotros el nerviosismo y la inseguridad.

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8DP,A - Pentecostés - 2011 (Mulet)

Francesc Mulet escolapio

Jesús Resucitado “exhala su aliento” sobre sus discípulos... También, Jesús Resucitado exhala hoy su aliento de Vida sobre cada uno de nosotros y sobre todo ser humano.

Con frecuencia, también nosotros tenemos nuestras puertas cerradas. Pero el Resucitado, abre y atraviesa nuestras puertas cerradas. Podemos imaginarnos que Jesús Resucitado entra hoy en nuestra casa y abre todo lo que está cerrado para que vuelva a la vida todo lo bueno y bello que está ahogado en nosotros. Ciertamente, es el miedo lo que nos cierra a la Vida. Su “aliento” vence todos nuestros miedos, nuestros decaimientos, nuestros pesimismos y nos ayuda a superar nuestras dificultades.

Todo es obstáculo cuando no hay amor, mientras que todo es posible cuando uno se siente amado. Hoy, es para abrir nuestras puertas a este Amor que es el Espíritu de Dios que viene a nosotros.

El Espíritu Santo se hace perceptible y nos pone en movimiento, como el viento fuerte, de manera que podamos superar lo que nos impide vivir plenamente. Necesitamos la sacudida de un viento recio que nos impulsa a la vida. Algunos se preguntan también: “¿No son Galileos todos esos que están hablando? ¿Cómo es que cada uno los oye hablar en nuestra lengua nativa?” En Pentecostés el Espíritu Santo nos capacita para hablar una lengua nueva, un idioma que todos comprenden, que contagia y enciende a los demás: es la lengua del amor, que todo el mundo puede entender.

Deseamos que el amor del Espíritu llegue a todos los rincones de nuestro mundo:

Ven Espíritu de Dios, ven a renovar la faz de la tierra.

Ven donde hay injusticia y violencia.

Ven donde hay tantos jóvenes en paro y tanta angustia en las familias que no llegan a fin de mes, y renueva nuestro mundo de hoy.

Ven Espíritu Santo, enséñanos a entendernos aunque hablemos lenguajes diferentes. Sin tu Amor en nuestro interior, seguiremos la escalada de la violencia absurda y sin salida.

Ven a alegrar nuestro mundo tan sombrío. Ábrenos a un futuro más fraterno, justo y solidario. Entra hasta el fondo de nuestras almas.

¡Feliz Pascua granada!

Francesc Mulet

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7DP,A - Ascensión - 2011 (Pagola)

Ascensión del Señor
Mateo, 28,16-20
ESCUELA DE JESÚS
José Antonio Pagola

La situación que se vive hoy en nuestras comunidades cristianas no es nada fácil. En nuestro corazón de seguidores de Jesús surgen no pocas preguntas: ¿dónde reafirmar nuestra fe en estos tiempos de crisis religiosa? ¿qué es lo importante en estos momentos? ¿qué hemos de hacer en las comunidades de Jesús? ¿hacia dónde hemos de orientar nuestros esfuerzos?

Mateo concluye su relato evangélico con una escena de importancia excepcional. Jesús convoca por última vez a sus discípulos para confiarles su misión. Son las últimas palabras que escucharán de Jesús: las que han de orientar su tarea y sostener su fe a lo largo de los siglos.

Siguiendo las indicaciones de las mujeres, los discípulos se reúnen en Galilea. Allí había comenzado su amistad con Jesús. Allí se habían comprometido a seguirlo colaborando en su proyecto del reino de Dios. Ahora vienen sin saber con qué se pueden encontrar. ¿Volverán a verse con Jesús después de su ejecución?

El encuentro con el Resucitado no es fácil. Al verlo llegar, los discípulos «se postran» ante él; reconocen en Jesús algo nuevo; quieren creer, pero «algunos vacilan». El grupo se mueve entre la confianza y la tristeza. Lo adoran pero no están libres de dudas e inseguridad. Los cristianos de hoy los entendemos. A nosotros nos sucede lo mismo.

Lo admirable es que Jesús no les reprocha nada. Los conoce desde que los llamó a seguirlo. Su fe sigue siendo pequeña, pero a pesar de sus dudas y vacilaciones, confía en ellos. Desde esa fe pequeña y frágil anunciarán su mensaje en el mundo entero. Así sabrán acoger y comprender a quienes a lo largo de los siglos vivirán una fe vacilante. Jesús los sostendrá a todos.

La tarea fundamental que les confía es clara: «hacer discípulos» suyos en todos los pueblos. No les manda propiamente a exponer doctrina, sino a trabajar para que el mundo haya hombres y mujeres que vivan como discípulos y discípulas de Jesús. Seguidores que aprendan a vivir como él. Que lo acojan como Maestro y no dejen nunca de aprender a ser libres, justos, solidarios, constructores de un mundo más humano.

Mateo entiende la comunidad cristiana como una "escuela de Jesús". Seremos muchos o pocos. Entre nosotros habrá creyentes convencidos y creyentes vacilantes. Cada vez será más difícil atender a todo como quisiéramos. Lo importante será que entre nosotros se pueda aprender a vivir con el estilo de Jesús. El es nuestro único Maestro. Los demás somos todos hermanos que nos ayudamos y animamos mutuamente a ser sus discípulos.

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7DP,A - 2011 (Mulet)

Ascensión del Señor
Francesc Mulet, escolapio

“Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”, no estamos solos, no estamos perdidos en medio de la historia abandonados a nuestras propias fuerzas: Él está con nosotros. En momentos difíciles es fácil caer en el desaliento y el derrotismo. Se diría que hemos olvidado algo que necesitamos urgentemente recordar: que Él, Jesús Resucitado, está con nosotros. No estamos solos.

“Id y haced discípulos de todos los pueblos”: quiere decir transmitir Vida a todos los pueblos, a todos los seres humanos. Esta Vida es la mejor noticia que el mundo puede escuchar, puesto que este Dios que se manifiesta en Jesús no es como los falsos ídolos que conducen a la injusticia, la esclavitud y la muerte. Es el Dios de la Vida, el Señor de la Vida. Esta es la Buena Noticia, el Evangelio de Dios es el Evangelio de la Vida.

Celebramos la fiesta de la Ascensión del Señor. En el lenguaje simbólico de la cultura bíblica, se dice que, Jesús ha subido al cielo, no el cielo que está por encima de las nubes y de las estrellas sino el cielo de la plenitud de Dios. Quiere decir: que Jesús ha entrado en la plenitud de Dios. La Ascensión del Señor en el Evangelio de Mateo, no es subida al cielo, sino Presencia del Señor Resucitado entre nosotros: “Yo estoy con vosotros”. La Resurrección y la Ascensión son dos formas de decir lo mismo: que el Resucitado fue glorificado.

Es una fiesta de esperanza. Quizá el rasgo más sombrío del momento actual, es la crisis de esperanza. La historia reciente se ha encargado de desmitificar el mito del progreso, piedra angular de la civilización moderna. Las grandes promesas no se han cumplido, se han caído nuestros ídolos y seguirán cayendo mucho más. Es verdad que hemos creado bienestar, pero también marginación, soledad, paro, individualismo. Hemos hecho la vida más larga, pero también más vacía y superficial. Parece que no estamos acertando en nuestra manera de entender la vida y de buscar felicidad. La crisis de la cultura moderna y la crisis económica y social, es en gran parte, crisis de una sociedad que se está quedando sin valores y sin puntos de referencia en su búsqueda de un futuro mejor para la Humanidad. Entonces brotan las preguntas: ¿Dónde encontrar fuerza y sentido para seguir trabajando por un mundo más justo y solidario? ¿Cómo recuperar la esperanza en esa salvación definitiva de la que estamos tan necesitados?

Sólo volviéndonos de corazón a la Presencia del Señor Resucitado, sólo en Él encontramos la esperanza que no defrauda.

Al iniciar el nuevo mes, te deseo todo el ánimo necesario y unas pocas fuerzas más para acabar el curso.

Pido tu oración por los escolapios y te envío un abrazo fraterno,
Francesc Mulet

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Friday, May 27, 2011

6DP.A - 2011 (Pagola)

Juan 14, 15-21
NO ESTAMOS HUERFANOS
José Antonio Pagola

Una Iglesia formada por cristianos que se relacionan con un Jesús mal conocido, poco amado y apenas recordado de manera rutinaria, es una Iglesia que corre el riesgo de irse extinguiendo. Una comunidad cristiana reunida en torno a un Jesús apagado, que no seduce ni toca los corazones, es una comunidad sin futuro.

En la Iglesia de Jesús necesitamos urgentemente una calidad nueva en nuestra relación con él. Necesitamos comunidades cristianas marcadas por la experiencia viva de Jesús. Todos podemos contribuir a que en la Iglesia se le sienta y se le viva a Jesús de manera nueva. Podemos hacer que sea más de Jesús, que viva más unida a él. ¿Cómo?

Juan recrea en su evangelio la despedida de Jesús en la última cena. Los discípulos intuyen que dentro de muy poco les será arrebatado. ¿Qué será de ellos sin Jesús? ¿A quién le seguirán? ¿Dónde alimentarán su esperanza? Jesús les habla con ternura especial. Antes de dejarlos, quiere hacerles ver cómo podrán vivir unidos a él, incluso después de su muerte.

Antes que nada, ha de quedar grabado en su corazón algo que no han de olvidar jamás: «No os dejaré huérfanos. Volveré». No han de sentirse nunca solos. Jesús les habla de una experiencia nueva que los envolverá y les hará vivir porque los alcanzará en lo más íntimo de su ser. No los olvidará. Vendrá y estará con ellos.

Jesús no podrá ya ser visto con la luz de este mundo, pero podrá ser captado por sus seguidores con los ojos de la fe. ¿No hemos de cuidar y reavivar mucho más esta presencia de Jesús resucitado en medio de nosotros? ¿Cómo vamos a trabajar por un mundo más humano y una Iglesia más evangélica si no le sentimos a él junto a nosotros?

Jesús les habla de una experiencia nueva que hasta ahora no han conocido sus discípulos mientras lo seguían por los caminos de Galilea: «Sabréis que yo estoy con mi Padre y vosotros conmigo». Esta es la experiencia básica que sostiene nuestra fe. En el fondo de nuestro corazón cristiano sabemos que Jesús está con el Padre y nosotros estamos con él. Esto lo cambia todo.

Esta experiencia está alimentada por el amor: «Al que me ama...yo también lo amaré y me revelaré a él». ¿Es posible seguir a Jesús tomando la cruz cada día, sin amarlo y sin sentirnos amados entrañablemente por él? ¿Es posible evitar la decadencia del cristianismo sin reavivar este amor? ¿Qué fuerza podrá mover a la Iglesia si lo dejamos apagar? ¿Quién podrá llenar el vacío de Jesús? ¿Quién podrá sustituir su presencia viva en medio de nosotros?

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6DP,A - 2011 (Mulet)

Francesc Mulet, escolapio

Las despedidas son difíciles para los que se aman. En las despedidas se dicen palabras sentidas y profundas, se hacen ruegos y promesas. El Evangelio de hoy recoge parte de.las.últimas.recomendaciones.de Jesús a sus discípulos y parte de sus últimas promesas.

Jesús comienza diciendo: "Si me amáis, guardaréis mis Mandamientos". La fe en una adhesión personal a Jesús que culmina en el amor. Pero, no resulta fácil amar de verdad, estamos, a veces, demasiado replegados sobre nosotros mismos, no hemos liberado suficientemente la capacidad de amor que llevamos en lo profundo de nuestro ser. Solo quien ama vive de verdad. Quien no ama permanece en la muerte. En lo más profundo de nosotros mismos está la aspiración a amar y a la comunión..., que aunque seamos frágiles, y estemos cogidos por nuestras preocupaciones personales no perdamos nunca de vista que lo esencial está en el amor.

Jesús promete a sus discípulos el Espíritu Santo, que es la fuerza amorosa de Dios, pero no desde fuera, sino desde dentro. Ese es el defensor que El promete. Ese Espíritu es el que convierte nuestra tristeza en gozo, nuestra timidez en valentía, nuestra soledad en comunión. Este es nuestro defensor. Esa experiencia del Espíritu como defensor se realiza en lo profundo de nuestro corazón, ahí donde Él nos habita.

Que podamos retener en nuestro corazón las palabras de Jesús al comienzo del Evangelio de hoy: “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos”... “Si me amáis” sabed que Yo os amé primero.

“Si me amáis”
también os amará mi Padre, que es la Fuente de todo amor.

“Si me amáis”
seréis libres para amar.

“Si me amáis”,
tendréis motivos para mantener la esperanza, para combatir las tinieblas y la injusticia, para pacificar el mundo ensangrentado por la violencia, para devolver al pobre su dignidad...

“Si me amáis”,
tendréis la fuerza para romper todas las ataduras que os esclavizan... y entraréis en el camino de la libertad.

“Si me amáis”,
seréis testigos de amor y llegaréis a amaros unos a otros.

Oremos unos por otros y que el Espíritu nos dé su fuerza para seguir adelante. Buena semana y un abrazo,

Francesc Mulet

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5DP.A - 2011 (Pagola)

Juan, 14, 1-12
NO OS QUEDÉIS SIN JESÚS
José Antonio Pagola

Al final de la última cena Jesús comienza a despedirse de los suyos: ya no estará mucho tiempo con ellos. Los discípulos quedan desconcertados y sobrecogidos. Aunque no les habla claramente, todos intuyen que pronto la muerte les arrebatará de su lado. ¿Qué será de ellos sin él?

Jesús los ve hundidos. Es el momento de reafirmarlos en la fe enseñándoles a creer en Dios de manera diferente: «Que no tiemble vuestro corazón. Creed en Dios y creed también en mí». Han de seguir confiando en Dios, pero en adelante han de creer también en él, pues es el mejor camino para creer en Dios.

Jesús les descubre luego un horizonte nuevo. Su muerte no ha de hacer naufragar su fe. En realidad, los deja para encaminarse hacia el misterio del Padre. Pero no los olvidará. Seguirá pensando en ellos. Les preparará un lugar en la casa del Padre y un día volverá para llevárselos consigo. ¡Por fin estarán de nuevo juntos para siempre!

A los discípulos se les hace difícil creer algo tan grandioso. En su corazón se despiertan toda clase de dudas e interrogantes. También a nosotros nos sucede algo parecido: ¿No es todo esto un bello sueño? ¿No es una ilusión engañosa? ¿Quién nos puede garantizar semejante destino? Tomás, con su sentido realista de siempre, sólo le hace una pregunta: ¿Cómo podemos saber el camino que conduce al misterio de Dios?

La respuesta de Jesús es un desafío inesperado: «Yo soy el camino, la verdad y la vida». No se conoce en la historia de las religiones una afirmación tan audaz. Jesús se ofrece como el camino que podemos recorrer para entrar en el misterio de un Dios Padre. El nos puede descubrir el secreto último de la existencia. El nos puede comunicar la vida plena que anhela el corazón humano.

Son hoy muchos los hombres y mujeres que se han quedado sin caminos hacia Dios. No son ateos. Nunca han rechazado de su vida a Dios de manera consciente. Ni ellos mismos saben si creen o no. Sencillamente, han dejado la Iglesia porque no han encontrado en ella un camino atractivo para buscar con gozo el misterio último de la vida que los creyentes llamamos "Dios".

Al abandonar la Iglesia, algunos han abandonado al mismo tiempo a Jesús. Desde estas modestas líneas, yo os quiero decir algo que bastantes intuís. Jesús es más grande que la Iglesia. No confundáis a Cristo con los cristianos. No confundáis su Evangelio con nuestros sermones. Aunque lo dejéis todo, no os quedéis sin Jesús. En él encontraréis el camino, la verdad y la vida que nosotros no os hemos sabido mostrar. Jesús os puede sorprender.

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5DP,A - 2011 (Mulet)

Francesc Mulet i Ruís

Es reconfortante escuchar las palabras del Evangelio de hoy. Estas palabras son dichas por Jesús en la última Cena, en el momento de su despedida: Los discípulos sienten inquietos, intranquilos... debido al anuncio que Jesús les ha hecho de su muerte... Los discípulos están nerviosos y no saben cómo va a acabar todo aquello. Jesús los ve hundidos y les invita a la serenidad y a la confianza.

Nosotros también estamos, a veces, demasiado nerviosos, (como aquellos discípulos)... el estrés, la angustia, la ansiedad, la sensación de no llegar... Parece que estamos perdiendo la calma y muchas cosas más, nos sentimos nerviosos, vivimos desfondados, sin base y sin un apoyo sólido sobre el que asentar nuestras vidas; estamos, a veces, a disgusto con nosotros mismos, nos vemos irremisiblemente enrolados en un plan de vida que no nos satisface y del que no sabemos cómo salir.

Vivimos en un mundo roto por profundas divisiones sociales y personales. En nuestras sociedades desarrolladas aumentan el estrés, la depresión, las rupturas afectivas y se diluye la falta de sentido. Vivimos una crisis de sentido... Y la pregunta que brota desoladora es: ¿Vale la pena ilusionarse con las personas o los proyectos que llevamos entre manos? Son muchos los que viven enfrascados en sentidos parciales de la vida. Necesitamos descubrir un sentido global a nuestra vida. Ese sentido está en la confianza en Dios que es la meta final de todo. Dios llena de sentido pleno nuestra vida humana. Dios es una realidad de primera necesidad.

“Yo soy el Camino y la Verdad y la Vida ". No se conoce, en las religiones, una afirmación tan atrevida. Jesús da respuesta a las preguntas radicales que nos hacemos. Él es la respuesta a las aspiraciones más profundas que llevamos en nuestro corazón. Está diciendo a sus discípulos y a todos nosotros, que la única seguridad, la única solidez y la única luz para avanzar está en confiarnos a Él y en seguirle a Él. Sí, en Jesús Resucitado, se encuentran todas las orientaciones que el ser humano necesita para vivir plenamente. Jesús se presenta como el camino que podemos recorrer para entrar en el Misterio de un Dios Padre.

Nuevamente te pido tu oración por todos nosotros.

Que pases una buena semana y que tengas ánimo en estos momentos.

Francesc Mulet

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4DP.A - 2011 (Pagola)

Juan 10, 1-10
LA PUERTA
José Antonio Pagola

Jesús propone a un grupo de fariseos un relato metafórico en el que critica con dureza a los dirigentes religiosos de Israel. La escena está tomada de la vida pastoril. El rebaño está recogido dentro de un aprisco, rodeado por un vallado o un pequeño muro, mientras un guarda vigila el acceso. Jesús centra precisamente su atención sobre esa «puerta» que permite llegar hasta las ovejas.

Hay dos maneras de entrar en el redil. Todo depende de lo que uno pretenda hacer con el rebaño. Si alguien se acerca al redil y «no entra por la puerta», sino que salta «por otra parte», es evidente que no es el pastor. No viene a cuidar a su rebaño. Es «un extraño» que viene a «robar, matar y hacer daño».

La actuación del verdadero pastor es muy diferente. Cuando se acerca al redil, «entra por la puerta», va llamando a las ovejas por su nombre y ellas atienden su voz. Las saca fuera y, cuando las ha reunido a todas, se pone a la cabeza y va caminando delante de ellas hacia los pastos donde se podrán alimentar. Las ovejas lo siguen porque reconocen su voz.

¿Qué secreto se encierra en esa "puerta" que legitima a los verdaderos pastores que pasan por ella y que desenmascara a los extraños que entran «por otra parte», no para cuidar del rebaño sino para hacerle daño? Los fariseos no entienden de qué les está hablando aquel Maestro.

Entonces Jesús les da la clave del relato: «Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas». Quienes entran por el camino abierto por Jesús y le siguen viviendo su evangelio, son verdaderos pastores: sabrán alimentar a la comunidad cristiana. Quienes entran en el redil dejando de lado a Jesús e ignorando su causa, son pastores extraños: harán daño al pueblo cristiano.

En no pocas Iglesias estamos sufriendo todos mucho: los pastores y el pueblo de Dios. Las relaciones entre la Jerarquía y el pueblo cristiano se viven con frecuencia de manera recelosa, crispada y conflictiva: hay obispos que se sienten rechazados; hay sectores cristianos que sienten marginados.

Sería demasiado fácil atribuirlo todo al autoritarismo abusivo de la Jerarquía o a la insumisión inaceptable de los fieles. La raíz es más profunda y compleja. Hemos creado una situación muy difícil. Hemos perdido la paz. Vamos a necesitar cada vez más a Jesús.

Hemos de hacer crecer entre nosotros el respeto mutuo y la comunicación, el diálogo y la búsqueda sincera de verdad evangélica. Necesitamos respirar cuanto antes un clima más amable en la Iglesia. No saldremos de esta crisis si no volvemos todos al espíritu de Jesús. El es "la Puerta".

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4DP.A - 2011 (Mulet)

Francesc Mulet, escolapio

Domingo del buen pastor. “He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn. 10, 1-10). Estas palabras de Jesús son claves para entrar en la comprensión del Evangelio: todo el Evangelio es una llamada a la Vida y a una Vida en plenitud.

Jesús afirma que existe un solo modo de acercarse a las ovejas, “entrando por la puerta”; quien penetra por otro lado, no lo hace por amor a ellas sino para explotarlas. Por eso, Jesús los llama ladrón y bandido:“ladrón”, porque se apropia de lo que pertenece a todos. Ellos le quitan al pueblo lo que es suyo. Le quitan la libertad. También les llama “bandidos” porque usan la violencia para someter al pueblo, reduciéndolo a un estado de miseria y de muerte.

En contraste con los ladrones y bandidos Jesús opone la figura del “pastor que es el que entra por la puerta”... Con estas palabras Jesús está refiriéndose a sí mismo, que viene para cuidar de las ovejas, “las va llamando por su nombre”; llamar por el nombre significa amar, es decir, Jesús es Aquél que ama a cada ser humano como único y el que viene a sacarnos de la muerte y de todo lo que nos oprime.

Lo más llamativo es que Jesús se presenta como la puerta: "Yo soy la puerta”..., es decir, el lugar de acceso a Dios. Entrar por esta Puerta es acercarse a Él, es darle nuestra adhesión a Él, es poner nuestra confianza en Él. Jesús no es sólo el Pastor, sino que es también la Puerta. Jesús es la Puerta hacia Dios; en Él, Dios se hace accesible y cercano a nosotros.

"Tú Señor, eres mi Pastor, nada me falta; aunque pase por valles de tinieblas no temeré, porque Tú vas conmigo" (Sal. 123).

Que pases una buena semana y adelante,

Francesc Mulet

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3DP,A - 2011 (Pagola)

Lucas 24, 13-35
RECORDAR MÁS A JESÚS
José Antonio Pagola

El relato de los discípulos de Emaús nos describe la experiencia vivida por dos seguidores de Jesús mientras caminan desde Jerusalén hacia la pequeña aldea de Emaús, a ocho kilómetros de distancia de la capital. El narrador lo hace con tal maestría que nos ayuda a reavivar también hoy nuestra fe en Cristo resucitado.

Dos discípulos de Jesús se alejan de Jerusalén abandonando el grupo de seguidores que se ha ido formando en torno a él. Muerto Jesús, el grupo se va deshaciendo. Sin él, no tiene sentido seguir reunidos. El sueño se ha desvanecido. Al morir Jesús, muere también la esperanza que había despertado en sus corazones. ¿No está sucediendo algo de esto en nuestras comunidades? ¿No estamos dejando morir la fe en Jesús?

Sin embargo, estos discípulos siguen hablando de Jesús. No lo pueden olvidar. Comentan lo sucedido. Tratan de buscarle algún sentido a lo que han vivido junto a él. «Mientras conversan, Jesús se acerca y se pone a caminar con ellos». Es el primer gesto del Resucitado. Los discípulos no son capaces de reconocerlo, pero Jesús ya está presente caminando junto a ellos, ¿No camina hoy Jesús veladamente junto a tantos creyentes que abandonan la Iglesia pero lo siguen recordando?

La intención del narrador es clara: Jesús se acerca cuando los discípulos lo recuerdan y hablan de él. Se hace presente allí donde se comenta su evangelio, donde hay interés por su mensaje, donde se conversa sobre su estilo de vida y su proyecto. ¿No está Jesús tan ausente entre nosotros porque hablamos poco de él?

Jesús está interesado en conversar con ellos: «¿Qué conversación es ésa que traéis mientras vais de camino?» No se impone revelándoles su identidad. Les pide que sigan contando su experiencia. Conversando con él, irán descubriendo su ceguera. Se les abrirán los ojos cuando, guiados por su palabra, hagan un recorrido interior. Es así. Si en la Iglesia hablamos más de Jesús y conversamos más con él, nuestra fe revivirá.

Los discípulos le hablan de sus expectativas y decepciones; Jesús les ayuda a ahondar en la identidad del Mesías crucificado. El corazón de los discípulos comienza a arder; sienten necesidad de que aquel "desconocido" se quede con ellos. Al celebrar la cena eucarística, se les abren los ojos y lo reconocen: ¡Jesús está con ellos!

Los cristianos hemos de recordar más a Jesús: citar sus palabras, comentar su estilo de vida, ahondar en su proyecto. Hemos de abrir más los ojos de nuestra fe y descubrirlo lleno de vida en nuestras eucaristías. Nadie ha de estar más presente. Jesús camina junto a nosotros.

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3DP,A - 2011 (Mulet)

Francesc Mulet, escolapio

El relato de Emaús es una de las páginas más bellas del Evangelio. Expresa una experiencia pascual, una experiencia de encuentro con Cristo Resucitado: dos discípulos tristes y desesperanzados caminan hacia Emaús… A veces, también nosotros, como estos discípulos, vamos entristecidos y desesperanzados. Pero en el encuentro con el Resucitado podemos pasar, como ellos, del desencanto a la esperanza.

Caminar hacia Emaús era ir hacia atrás, de Jerusalén ir hacia atrás. Podemos decir que Jerusalén era la ciudad del sentido y de la plenitud. Ellos esperaban que Jesús fuera el liberador de Israel, pero las cosas no se han desenvuelto como ellos esperaban. Jesús ha sido crucificado y ha muerto en una cruz. Eso ha sido terrible para ellos, todo había terminado.

Jesús, el Resucitado, no se desanima por nuestros desánimos, ni nos abandona cuando nosotros le estamos abandonando. No le importa que seamos lentos para comprender las Escrituras… Él aparece como un caminante de la misma vida y los discípulos no pudieron reconocerlo porque estaban encerrados en su pesimismo, estaban encerrados demasiado en ellos mismos y eran incapaces de prestar atención a Aquel compañero de viaje. Pero hay un momento en que el Resucitado interviene y toma la palabra y ellos empiezan a escuchar su Palabra. Y algo extraordinario pasa en esta conversación: Jesús toca el corazón, hace arder el corazón…

La decepción brota de algo que el Señor nunca ha prometido. Se trata de saber esperar. Jesús nunca decepciona, nunca defrauda a nadie, pero el corazón de aquellos discípulos estaba lleno de ambiciones, ellos buscaban la gloria, el prestigio, el poder, como nosotros, a veces. En este sentido, podemos vernos reflejados en algunas situaciones de nuestra vida, en los discípulos de Emaús. Ellos nos recuerdan nuestras desesperanzas, nuestras desilusiones, nuestro pesimismo… Nosotros somos también de los que esperábamos tantas y tantas cosas: esperábamos más amigos, mejores relaciones, más suerte en la vida, más éxitos, más reconocimientos...

Sus ojos se fueron abriendo poco a poco, hasta que comprendieron que era Jesús de Nazaret. Estaba vivo. El crucificado había resucitado y vivía para siempre. Al abrirse sus ojos comprendieron que su amor nos busca siempre, pero sobre todo en los “caminos de Emaús”.

Hoy nuestra oración podía ser: “Quédate con nosotros, la tarde está cayendo”. ¿Qué sería de nosotros sin ti? Sin tu Presencia, no sabemos por dónde tirar.
Ánimo y sigamos orando mutuamente. Un abrazo fraterno,

Francesc Mulet

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Friday, April 29, 2011

2DP,A - 2011 (Pagola)

Juan 20, 19-31
NUEVO INICIO
José Antonio Pagola

Aterrados por la ejecución de Jesús, los discípulos se refugian en una casa conocida. De nuevo están reunidos, pero ya no está Jesús con ellos. En la comunidad hay un vacío que nadie puede llenar. Les falta Jesús. No pueden escuchar sus palabras llenas de fuego. No pueden verlo bendiciendo con ternura a los desgraciados. ¿A quién seguirán ahora?

Está anocheciendo en Jerusalén y también en su corazón. Nadie los puede consolar de su tristeza. Poco a poco, el miedo se va apoderando de todos, pero no le tienen a Jesús para que fortalezca su ánimo. Lo único que les da cierta seguridad es «cerrar las puertas». Ya nadie piensa en salir por los caminos a anunciar el reino de Dios y curar la vida. Sin Jesús, ¿cómo van a contagiar su Buena Noticia?

El evangelista Juan describe de manera insuperable la transformación que se produce en los discípulos cuando Jesús, lleno de vida, se hace presente en medio de ellos. El Resucitado está de nuevo en el centro de su comunidad de seguidores. Así ha de ser para siempre. Con él todo es posible: liberarse del miedo, abrir las puertas y poner en marcha la evangelización.

Según el relato, lo primero que infunde Jesús a su comunidad es su paz. Ningún reproche por haberlo abandonado, ninguna queja ni reprobación. Sólo paz y alegría. Los discípulos sienten su aliento creador. Todo comienza de nuevo. Impulsados por su Espíritu, seguirán colaborando a lo largo de los siglos en el mismo proyecto salvador que el Padre encomendó a Jesús.

Lo que necesita hoy la Iglesia no es sólo reformas religiosas y llamadas a la comunión. Necesitamos experimentar en nuestras comunidades un "nuevo inicio" a partir de la presencia viva de Jesús en medio de nosotros. Sólo él ha de ocupar el centro de la Iglesia. Sólo él puede impulsar la comunión. Sólo él puede renovar nuestros corazones.

No bastan nuestros esfuerzos y trabajos. Es Jesús quien puede desencadenar el cambio de horizonte, la liberación del miedo y los recelos, el clima nuevo de paz y serenidad que tanto necesitamos para abrir las puertas y ser capaces de compartir el Evangelio con los hombres y mujeres de nuestro tiempo.

Pero hemos de aprender a acoger con fe su presencia en medio de nosotros. Cuando Jesús vuelve a presentarse a los ocho días, el narrador nos dice que todavía las puertas siguen cerradas. No es sólo Tomás quien ha de aprender a creer con confianza en el Resucitado. También los demás discípulos han de ir superando poco a poco las dudas y miedos que todavía les hacen vivir con las puertas cerradas a la evangelización.

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Thursday, May 27, 2010

8DP.C,PENTECOSTÉS - 2010 (Pagola)

Juan 14, 15-16.23b-26
INVOCACIÓN
José Antonio Pagola

Ven Espíritu Creador e infunde en nosotros la fuerza y el aliento de Jesús. Sin tu impulso y tu gracia, no acertaremos a creer en él; no nos atreveremos a seguir sus pasos; la Iglesia no se renovará; nuestra esperanza se apagará. ¡Ven y contágianos el aliento vital de Jesús!

Ven Espíritu Santo y recuérdanos las palabras buenas que decía Jesús. Sin tu luz y tu testimonio sobre él, iremos olvidando el rostro bueno de Dios; el Evangelio se convertirá en letra muerta; la Iglesia no podrá anunciar ninguna noticia buena. ¡Ven y enséñanos a escuchar sólo a Jesús!

Ven Espíritu de la Verdad y haznos caminar en la verdad de Jesús. Sin tu luz y tu guía, nunca nos liberaremos de nuestros errores y mentiras; nada nuevo y verdadero nacerá entre nosotros; seremos como ciegos que pretenden guiar a otros ciegos. ¡Ven y conviértenos en discípulos y testigos de Jesús!

Ven Espíritu del Padre y enséñanos a gritar a Dios "Abba" como lo hacía Jesús. Sin tu calor y tu alegría, viviremos como huérfanos que han perdido a su Padre; invocaremos a Dios con los labios, pero no con el corazón; nuestras plegarias serán palabras vacías. ¡Ven y enséñanos a orar con las palabras y el corazón de Jesús!

Ven Espíritu Bueno y conviértenos al proyecto del "reino de Dios" inaugurado por Jesús. Sin tu fuerza renovadora, nadie convertirá nuestro corazón cansado; no tendremos audacia para construir un mundo más humano, según los deseos de Dios; en tu Iglesia los últimos nunca serán los primeros; y nosotros seguiremos adormecidos en nuestra religión burguesa. ¡Ven y haznos colaboradores del proyecto de Jesús!

Ven Espíritu de Amor y enséñanos a amarnos unos a otros con el amor con que Jesús amaba. Sin tu presencia viva entre nosotros, la comunión de la Iglesia se resquebrajará; la jerarquía y el pueblo se irán distanciando siempre más; crecerán las divisiones, se apagará el diálogo y aumentará la intolerancia. ¡Ven y aviva en nuestro corazón y nuestras manos el amor fraterno que nos hace parecernos a Jesús!

Ven Espíritu Liberador y recuérdanos que para ser libres nos liberó Cristo y no para dejarnos oprimir de nuevo por la esclavitud. Sin tu fuerza y tu verdad, nuestro seguimiento gozoso a Jesús se convertirá en moral de esclavos; no conoceremos el amor que da vida, sino nuestros egoísmos que la matan; se apagará en nosotros la libertad que hace crecer a los hijos e hijas de Dios y seremos, una y otra vez, víctimas de miedos, cobardías y fanatismos. ¡Ven Espíritu Santo y contágianos la libertad de Jesús!

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8DP.C,PENTECOSTES - 2010 (Mulet)

Francesc Mulet, escolapio

Pentecostés es la culminación de la Pascua. Con esta festividad se cierra la cincuentena pascual, centrada en el misterio de Cristo resucitado y glorioso.

El Espíritu va a ser también protagonista, desde el principio y hasta el fin, en la vida y actividad misionera de la Iglesia. Así, por la fuerza del Espíritu aquellos pobres pescadores galileos se transformaron en apóstoles y testigos de Cristo en todo el mundo entonces conocido.

Lucas trata de dar plasticidad narrativa a una realidad invisible, a un dato de fe: la manifestación del Espíritu que Jesús dio a su Iglesia. Por eso emplea la simbología propia de las teofanías bíblicas, con una clara alusión a los fenómenos de la promulgación de la ley mosaica en el Sinaí: ruido, viento y lenguas de fuego, signos todos de la presencia de Dios

La pluralidad de carismas y ministerios en la comunidad cristiana es tan normal y necesaria como la diversidad de miembros y funciones en el cuerpo humano, a cuya semejanza entiende Pablo la Iglesia, que es el cuerpo de Cristo.

Pero, la diversidad de carismas auténticos en los miembros de la comunidad no rompe la unidad dentro de la misma. Porque los diversos dones y servicios coinciden en su origen y finalidad. Su origen es el Espíritu de Dios, en el que todos hemos sido bautizados para constituir un solo cuerpo; y su finalidad, edificar la comunidad. La diversidad de carismas no es para el enfrentamiento y la competencia, sino para la unidad y la complementariedad. Cada uno vive su condición cristiana y el seguimiento de Cristo dentro de la comunidad cristiana conforme a una vocación que es llamada y carisma, don de Dios y servicio a los demás.

Con la fuerza del Espíritu, hay que seguir adelante.

Un abrazo cordial,
Francesc Mulet

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7DP.C,ASCENSIÓN - 2010 (Pagola)

Lucas 24, 46-53CRECIMIENTO Y CREATIVIDAD
José Antonio Pagola


Los evangelios nos ofrecen diversas claves para entender cómo comenzaron su andadura histórica las primeras comunidades cristianas sin la presencia de Jesús al frente de sus seguidores. Tal vez, no fue todo tan sencillo como a veces lo imaginamos. ¿Cómo entendieron y vivieron su relación con él, una vez desaparecido de la tierra?

Mateo no dice una palabra de su ascensión al cielo. Termina su evangelio con una escena de despedida en una montaña de Galilea en la que Jesús les hace esta solemne promesa: «Sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo». Los discípulos no han de sentir su ausencia. Jesús estará siempre con ellos. Pero ¿cómo?

Lucas ofrece una visión diferente. En la escena final de su evangelio, Jesús «se separa de ellos subiendo hacia el cielo». Los discípulos tienen que aceptar con todo realismo la separación: Jesús vive ya en el misterio de Dios. Pero sube al Padre «bendiciendo» a los suyos. Sus seguidores comienzan su andadura protegidos por aquella bendición con la que Jesús curaba a los enfermos, perdonaba a los pecadores y acariciaba a los pequeños.

El evangelista Juan pone en boca de Jesús unas palabras que proponen otra clave. Al despedirse de los suyos, Jesús les dice: «Yo me voy al Padre y vosotros estáis tristes... Sin embargo, os conviene que yo me vaya para que recibáis el Espíritu Santo». La tristeza de los discípulos es explicable. Desean la seguridad que les da tener a Jesús siempre junto a ellos. Es la tentación de vivir de manera infantil bajo la protección del Maestro.

La respuesta de Jesús muestra una sabia pedagogía. Su ausencia hará crecer la madurez de sus seguidores. Les deja la impronta de su Espíritu. Será él quien, en su ausencia, promoverá el crecimiento responsable y adulto de los suyos. Es bueno recordarlo en unos tiempos en que parece crecer entre nosotros el miedo a la creatividad, la tentación del inmovilismo o la nostalgia por un cristianismo pensado para otros tiempos y otra cultura.

Los cristianos hemos caído más de una vez a lo largo de la historia en la tentación de vivir el seguimiento a Jesús de manera infantil. La fiesta de la Ascensión del Señor nos recuerda que, terminada la presencia histórica de Jesús, vivimos "el tiempo del Espíritu", tiempo de creatividad y de crecimiento responsable. El Espíritu no proporciona a los seguidores de Jesús "recetas eternas". Nos da luz y aliento para ir buscando caminos siempre nuevos para reproducir hoy su actuación. Así nos conduce hacia la verdad completa de Jesús.

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7DP.C, ASCENSIÓN - 2010 (Mulet)

Francesc Mulet, escolapio

La Ascensión del Señor que celebramos es una síntesis teológica de fe cristiana y la culminación del misterio pascual de Cristo, quien después de la prueba y humillación suprema es glorificado y constituido Señor del Universo y cabeza de la humanidad y de la Iglesia

Cristo resucitado se despide de sus discípulos en el momento de su exaltación definitiva a la gloria del Padre; pero antes transmite su obra y misión a los apóstoles, es decir, al grupo de los creyentes, quienes quedan constituidos por la fuerza del Espíritu en testigos de Jesús hasta los confines del mundo, para anunciar el evangelio a todas las naciones.

La vocación a la fe cristiana no alentará una esperanza auténtica del futuro si no es desde ahora compromiso a fondo con el mundo presente. Por eso, mientras esperamos la segunda venida del Señor no podemos estar inactivos, como se avisa a los apóstoles al final de la escena de la ascensión. ¿Qué hacéis ahí plantados mirando al cielo?

No todos los cristianos, siquiera nominales, tienen la misma visión respecto de la tierra y del cielo, del presente y del más allá:

El cielo y el más allá
no dicen nada a algunos para quienes la tierra, en cambio, lo significa todo: vida, amor, dominio, sexo, dinero...

Para otros la vida presente no vale un comino;
lo único importante es salvar el alma y ganar la vida eterna. Teístas empedernidos, se apuntan a un cristianismo individualista y conservador.

Finalmente están
los que, impulsados por la auténtica esperanza cristiana, piensan que el cielo hay que construirlo ya desde la tierra y cada día mediante el amor, el trabajo y el servicio a los hermanos.

Hoy más que nunca hemos de renovar el envío misionero al mundo, a la vida diaria, para testificar la esperanza de nuestra vocación en Cristo.

Feliz semana y ánimo,
Francesc Mulet

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6DP.C - 2010 (Mulet)

Francesc Mulet, escolapio

El evangelio nos señala tres puntos de referencia para la comunión que Dios establece con el creyente como su morada: el amor a Cristo, el Espíritu, y la paz del Señor resucitado

El Espíritu y la paz de Cristo resucitado son otros dos puntos de comunión de Dios con el hombre. El Espíritu que el Padre envía a los amigos de Jesús en su nombre, viene en su ayuda durante la ausencia física del Señor.

Ya desde el principio se evidenció su presencia mediante la acción del Espíritu en la Iglesia naciente. Así lo demuestra la primera lectura de hoy en un caso temprano de conflicto respecto de la inculturación de la fe. El concilio apostólico de Jerusalén (hacia el año 49) dio la respuesta conjunta del Espíritu, de los apóstoles, de los presbíteros y de todos los miembros de la. "iglesia madre" a los hermanos convertidos de la gentilidad. Fue la carta apostólica de la libertad en Cristo, página esplendorosa de la historia de la Iglesia: "Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros, no imponeros más cargas que las indispensables".

Que el mismo Espíritu refuerce nuestra vida en estos momentos.

Un abrazo cordial,
Francesc Mulet

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5DPC - 2010 (Mulet)

Francesc Mulet, escolapio

El mandato del amor fraterno es el testamento y la herencia del Señor. Por voluntad expresa de Cristo es el amor la señal de identificación de sus discípulos; y signo también de su presencia invisible, pero real y perenne, entre nosotros.

¿Qué es lo que nos distingue a los que creemos en Cristo? El distintivo de cristiano en un mundo sumido en la increencia es la fe que actúa por la caridad. Aunque está bien y es bueno, el distintivo radical de lo cristiano no es, en primer lugar: pertenecer a una Iglesia o confesión religiosa con sus dogmas y tradiciones doctrinales, su organización, leyes e instituciones; ir a misa y a otras celebraciones cultuales y devocionales; recitar el credo y determinadas oraciones; entregar diezmos y limosnas; y menos todavía, un comportamiento socioeconómico o una ideología política propia. No; todo esto son "señales" del creyente, pero no es "la señal".

Lo que nos identifica como tales ante los demás es, según Jesús, el amor suyo que comunicamos a los demás hombres, nuestros hermanos. No podemos inventarnos otra señal distinta de la que él nos marcó.

Sólo nos diferenciaremos de los demás si amamos a los hermanos sirviéndoles, perdonándolos, dedicándoles nuestra atención y nuestro tiempo, comprendiéndolos en sus penas y alegrías, desterrando de nuestro estilo de ser y actuar la soberbia y el menosprecio, el desdén y la prepotencia, la desconsideración y el olvido, el desamor y el egoísmo.

Todavía impactados por la inesperada muerte de nuestro hermano Vicent Faus, recojamos la antorcha de la esperanza y vayamos adelante en el seguimiento del Señor.

Un abrazo,
Francesc Mulet

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Tuesday, April 27, 2010

5DP.C - 2010 (Pagola)

Juan 13, 31-33a.34-35
NO PERDER LA IDENTIDAD
José Antonio Pagola

Jesús se está despidiendo de sus discípulos. Dentro de muy poco, ya no lo tendrán con ellos. Jesús les habla con ternura especial: «Hijitos míos, me queda poco de estar con vosotros». La comunidad es pequeña y frágil. Acaba de nacer. Los discípulos son como niños pequeños. ¿Qué será de ellos si se quedan sin el Maestro?

Jesús les hace un regalo: «Os doy un mandato nuevo: que os améis unos a otros como yo os he amado». Si se quieren mutuamente con el amor con que Jesús los ha querido, no dejarán de sentirlo vivo en medio de ellos. El amor que han recibido de Jesús seguirá difundiéndose entre los suyos.

Por eso, Jesús añade: «La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros». Lo que permitirá descubrir que una comunidad que se dice cristiana es realmente de Jesús, no será la confesión de una doctrina, ni la observancia de unos ritos, ni el cumplimiento de una disciplina, sino el amor vivido con el espíritu de Jesús. En ese amor está su identidad.

Vivimos en una sociedad donde se ha ido imponiendo la "cultura del intercambio". Las personas se intercambian objetos, servicios y prestaciones. Con frecuencia, se intercambian además sentimientos, cuerpos y hasta amistad. Eric Fromm llegó a decir que "el amor es un fenómeno marginal en la sociedad contemporánea". La gente capaz de amar es una excepción.

Probablemente sea un análisis excesivamente pesimista, pero lo cierto es que, para vivir hoy el amor cristiano, es necesario resistirse a la atmósfera que envuelve a la sociedad actual. No es posible vivir un amor inspirado por Jesús sin distanciarse del estilo de relaciones e intercambios interesados que predomina con frecuencia entre nosotros.

Si la Iglesia "se está diluyendo" en medio de la sociedad contemporánea no es sólo por la crisis profunda de las instituciones religiosas. En el caso del cristianismo es, también, porque muchas veces no es fácil ver en nuestras comunidades discípulos y discípulas de Jesús que se distingan por su capacidad de amar como amaba él. Nos falta el distintivo cristiano.

Los cristianos hemos hablado mucho del amor. Sin embargo, no siempre hemos acertado o nos hemos atrevido a darle su verdadero contenido a partir del espíritu y de las actitudes concretas de Jesús. Nos falta aprender que él vivió el amor como un comportamiento activo y creador que lo llevaba a una actitud de servicio y de lucha contra todo lo que deshumaniza y hace sufrir el ser humano.

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